Mayo se ha convertido en un buen mes para el empleo y los afiliados a la Seguridad Social. Nunca antes en España había más de 20,8 millones de personas trabajando afiliadas al sistema. Parece un respiro para el sistema público de pensiones al comprobar que hay 2,41 cotizantes por cada pensionista.
Sí, es verdad. Hay más personas trabajando y hay más cotizantes. «Pero», el problema es que, pese a que los números suenan celestiales en el mercado laboral español, continuamos siendo campeones en paro (un 12,4% de tasa) y hasta la Seguridad Social (último dato conocido esta misma semana) sigue mostrando un enfermizo déficit de 497 millones de euros entre enero y abril, pese a haber recaudado más que nunca, 58.559 millones de euros en el primer cuatrimestre. Es decir, se sigue gastando más que se recauda. Habría que darle una vuelta a la cantidad de ‘cosas’ que se pagan que no le corresponden al sistema público de pensiones.
Otro dato que hemos conocido esta semana es el de la inflación, también de mayo. Aunque es un dato adelantado, que el INE confirmará en breve, también nos muestra una bajada de los precios hasta el 3,2%. Los bajos precios de la electricidad y los combustibles son la explicación más plausible, «pero» muchos de los que venden sus productos han elevado precios amparados en cuando la luz y el transporte estaban por las nubes. Se les ha olvidado bajar en la misma medida ahora los precios que nos aplican. Lo cierto es que nuestros bolsillos cada vez están más vacíos y que en España estamos acostumbrados a que todo lo que sube ya no vuelve a bajar. Tal vez habría que darle una pensada a esta actitud antisolidaria de los vendedores que solo buscan beneficios a costa de los demás.
Otro dato. El déficit público del primer trimestre supone solo el 0,18% del PIB, al caer hasta los 2.538 millones y suponer un 51% menos que en el mismo trimestre de 2022. El Gobierno ya ha dicho que está estudiando la retirada de las ayudas anticrisis -por requerimiento expreso de la propia Unión Europea, también habría que puntualizar-, con lo que es de esperar que por esa vía también los gastos (el déficit) disminuyan. «Pero» quedan por delante nueve meses de estadísticas para saber si podremos adaptarnos a las nuevas reglas fiscales comunitarias. Si no, por algún lado habrá que aumentar los ingresos, y eso siempre suena a subir algún impuesto.
Pese a los «peros», a la parte económica y laboral de España no le va mal. Los datos son tozudos e incuestionables. Los organismos internacionales y nacionales los avalan con mejoras en sus previsiones para 2023, y nos colocan como uno de los países que está siendo locomotora y no vagón de cola. Sin ir más lejos Alemania ha entrado en recesión, aunque sea técnica. «Pero», ¿por qué será que los ciudadanos no sentimos que nos va igual de bien que a esos tozudos datos?
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