Fuera de España no tenían como una de las sociedades más tolerantes del mundo. En algunos aspectos llegamos a ser hasta la avanzadilla de muchas libertades que luego se han ido extendiendo por el mundo, como el matrimonio sexual. Pero en la segunda década del siglo XXI la extrema derecha y los partidos conservadores que la necesitan para gobernar pretenden hacernos retroceder en unos derechos ya más que consolidados y disfrutados.
La entrada de Vox en algunos gobiernos en comunidades y ayuntamientos del PP acaba de empezar y ya hemos visto los primeros «guiños» de los cuatro años que tenemos por delante. Uno de los más sonados, la prohibición de la representación de Lope de Vega de la ‘Villana de Getafe’ por sus «insinuaciones sexuales». Otra más: Rayden ha suspendido el último concierto de su carrera en Alcalá de Henares -donde nació- ante la polémica de la censura de Vox.
Esto no ha hecho nada más que empezar. Y el PP mirando para otro lado y centrado en demonizar a la izquierda para desocupar a Pedro Sánchez de La Moncloa. Núñez Feijóo está tan convencido de que lo conseguirá que hasta está anunciando quiénes formarán parte de su gobierno. No se da cuenta de que los ciudadanos necesitamos que profundice con igual intensidad sobre qué va a hacer con cuestiones cable que afectan a cómo llegaremos a final de mes sin números rojos. El resto son quinielas sobre sillones, que sinceramente es lo que menos nos preocupa. Solo les preocupa a los interesados.
Que la sociedad española descubriera vivir en libertad a principios de los 80 del siglo pasado nos hizo vivirla con más intensidad, provocó que desplegáramos todo nuestro ingenio, pensando que todo es posible para hacernos felices, sin miedo, sin ataduras, sin amenazas, sin censuras, sin prohibiciones… en todo lo que fuera lícito. Los derechos son necesarios, luego cada uno es libre de ejercerlos o no, según su conciencia, ideología o como lo quiera llamar. Muchos países democráticos mucho antes que nosotros hasta nos siguieron en esa ampliación de libertades.
Nadie está por encima de nadie para decir lo que debe o no debe hacer. Si a alguien le molesta una representación cultural, que no la vea, porque a muchos les puede interesar. La cultura no es la televisión, aunque se intente que nos llegue a través de ella, pero sí deja la libertad de apagarla o cambiar de canal si no te gusta.
Evidentemente el mundo de la cultura ya ha está empezando a defenderse de lo que consideran una auténtica agresión a la libertad. Sin cultura es imposible avanzar y por los ‘dos telediarios’ que lleva Vox gobernando en algunos municipios (prohibiendo banderas arcoiris, fue la primera muestra) muchos tememos que comencemos a retroceder en libertades, la primera la cultural. Pero hay más, como lo que afecta a los homosexuales, trans… y con los vientos y huracanes propulsados por la era Trump no sería de extrañar que llegarán a intentar hacer desaparecer el aborto. Y ya tenemos un botón de muestra: la mujer de Madrid que se tuvo que ir a Murcia para abortar.
En juego está la libertad. En esta campaña electoral nos harán elegir entre modelos económicos a seguir, sobre el medio ambiente y cambio climático, si deberemos o no tener memoria democrática, de si se debe seguir avanzando en el mercado laboral, en el sistema de pensiones, en el salario mínimo… pero la base de todo eso es la libertad. Son derechos consolidados que no se pueden borrar de un plumazo por «ofendiditos» que censuran obras, no ya de este siglo, sino del siglo XVII.
¿A qué siglo nos pretenden hacer retroceder, a la de la Inquisición, que surgió en el siglo XII y tuvo su apogeo en el siglo XIII? Por más que les pese a algunos estamos en el siglo XXI, donde todo son avances supersónicos y no cabe ni un retroceso, y mucho menos en derechos.
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