A veces los ciudadanos que tenemos que votar no nos lo podemos creer. Con tantos partidos políticos en liza necesitamos saber «¿qué va a pasar con lo nuestro?», pero los candidatos se empeñan en no despejarnos las dudas, mirándose al ombligo, mintiéndonos si es necesario para hacerse mejores y hacer peores a los contrincantes y, como la tónica de la última legislatura, las descalificaciones personales al más puro estilo de verdulero de mercado, con perdón de los verduleros que son mucho mejores.
Para qué hacer cara a cara y debates, para qué invitar a mítines con los seguidores/votantes que les van a dar la razón, para qué tantas declaraciones… si seguimos sin saber qué quieren hacer.
En nuestra retina solo queda un cara a cara donde se mintió, sin que importe la pérdida de credibilidad porque parece que da más votos; donde se nos prometió eliminar recientes reformas y el otro candidato sin argumentos para desmontar mentiras ni cintura para esquivar los permanentes ataques.
El interés estuvo en quién ganó el cara y cara. Y ni una propuesta, la única la de buscar el apoyo para no necesitar a Vox o a Bildu.
Luego otro globo sonda. Los votos por correo, poniendo en cuestión la profesionales de más de 50.000 trabajadores de alguien que estuve dirigiéndoles y parece conocedor de cómo se trabaja en la «casa». Con esta cantinela, recogido el guante de Ayuso, llevamos dos días y me temo muy mucho que seguiremos hasta que acaban los plazos, o incluso con el recuente de estos votos.
Sembrar las dudas sobre la legitimidad de este procedimiento de voto es como llegar a las raíces de la democracia. Tanta crítica, incluida hacia la gestión de Correos (su presidente es amigo de Pedro Sánchez), pero ni una propuesta -si es que es cierto- para mejorar su funcionamiento.
Lo del terrorismo permanece de runrún como ya pasó en los últimos años de los debates en el Congreso. Y aún nos queda una semana por delante… A ver qué nuevas ocurrencias tienen los candidatos para eludir hablar de sus propuestas.
¡Qué diferencia de partidos y políticos! Nos estamos rodeando de políticos mediocres, sin carisma, con falta de oratoria. Los que llevamos más tiempo en esto no podemos olvidar a un Julio Anguita, aspirante a la presidencia del gobierno por IU, que, alejado de las descalificaciones y mentiras, proponía durante sus campañas electorales e incluso en el propio Congreso de los Diputados hablar de «programa, programa, programa». Un hasta cansino mensaje que ahora echamos de menos, porque su mensaje era claro: que me voten por las propuestas de mi programa, no por la bronca, el ruido y las descalificaciones a mis rivales.
En el siglo XXI esas máximas han dado un vuelco de 180 grados. Hablar de todo menos de economía, políticas sociales, vivienda, el precio de los alimentos, la luz, el gas… las ayudas con las que podremos contar, nuestras pensiones, las remuneraciones de los bancos… ¿A quién le importa que mientan y se les vote por saber mentir con desparpajo? ¿A quién le importan los logros pasados, cuando lo que nos interesa es lo que se nos avecina a corto, medio o largo plazo? ¿A quién le importa quién gana un vacío e insustancial cara a cara? Estas últimas cuestiones solo les importa a ellos, a los políticos y sus partidos. Sus campañas electorales son para ellos y sus rivales, para la clac que le sigue a todas partes ovacionando todas las burradas, insultos y descalificaciones. Ahhh sin olvidar la lucha de las lonas, algunas de lo más irresputuoso y barriobajero. No son para los que tenemos que votar el 23J.
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