Las transacciones de servicios entre una economía y el resto del mundo se pueden dividir en dos grandes grupos: por un lado, las transacciones de los servicios turísticos y, por otro lado, las de los servicios denominados «no turísticos». Éstos engloban transformación, reparación y mantenimiento de bienes sin traspaso de la propiedad y servicios de transporte, tanto de mercancías como de pasajeros, servicios de construcción, financieros, seguros y pensiones, derechos de la propiedad intelectual, telecomunicaciones, informática e información, servicios empresariales y, por último, servicios personales, culturales, recreativos y gubernamentales.
En España, las exportaciones de estos servicios no turísticos aumentaron significativamente en 2021 (+16,1%) y 2022 (+28,9%) en términos reales, tras el fuerte retroceso (-20%) registrado en 2020, durante la fase más aguda de la pandemia.
Tuvieron una contribución al crecimiento del PIB de 0,9 puntos porcentuales (pp) en 2021 y de 1,8 pp en 2022. Además, este elevado dinamismo permitió que las exportaciones de servicios no turísticos superasen ampliamente sus niveles previos a la pandemia, situándose en 2022 hasta un 20% por encima de su nivel de 2019.
Esto ha hecho que estas exportaciones tengan mayor peso en el PIB, que ha pasado del 2,4 % en 1995 al 6,8 % en 2022. «No obstante, esta contribución todavía permanece por debajo de los porcentajes que alcanza en países como Alemania y Francia», precisan César Martínez Machuca y Coral García, del departamento de Análisis de la Situación Económica del Banco de España, en el análisis ‘La evolución reciente de las exportaciones españolas de servicios no turísticos’.
Las exportaciones de servicios no turísticos han mostrado un elevado dinamismo tras la pandemia, e incluso se ha acelerado su tendencia de crecimiento mantenida a lo largo de las últimas décadas. Esta reactivación se ha apoyado principalmente
en las ventas —en particular, hacia la Unión Europea Monetaria (UEM) y América del Norte— de servicios empresariales, de transporte y tecnológicos (derechos de la propiedad intelectual y de telecomunicaciones, informática e información).
Este dinamismo se ha visto favorecido, en un contexto de moderación salarial, por la
capacidad competitiva de un núcleo de empresas exportadoras, de tamaño elevado y que suelen pertenecer a grupos multinacionales, españoles o extranjeros.
Los expertos del Banco de España auguran una «prolongación del elevado dinamismo de las exportaciones de servicios no turísticos, tales como la digitalización creciente del tejido productivo, las innovaciones tecnológicas y la expansión de servicios de carácter profesional». «Cabe esperar un margen de crecimiento adicional, como muestra la comparación con las principales economías del núcleo de la UEM, en las que la participación de las exportaciones de servicios no turísticos en el PIB y en los intercambios globales es sensiblemente más elevada que en nuestro país», argumentan.
La oportunidad de los fondos europeos
En este sentido, el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR),
vinculado al programa europeo Next Generation EU, «representa una oportunidad para
potenciar los servicios de alto valor añadido asociados a la investigación y a las nuevas
tecnologías, debido a su énfasis en el reto de la digitalización, siempre y cuando su diseño y aplicación sean adecuados», subrayan.
«Los beneficios asociados a estas inversiones se potenciarían si estas vienen acompañadas por la adopción de políticas que eleven la competencia en el sector de los servicios, lo que, a su vez, estimularía mejoras en su calidad, con el consiguiente aumento de la capacidad competitiva en el exterior», insisten.
Pero los expertos del Banco de España también avisan que «el contexto internacional plantea incertidumbres sobre la evolución de las transacciones internacionales de servicios no turísticos». Esos riesgos están asociados a las crecientes tensiones geopolíticas y a la posible regionalización de las cadenas globales de valor, «cuyo impacto neto es incierto, ya que, por un lado, pueden limitar la expansión de las
transacciones de servicios no turísticos en el ámbito extracomunitario (que actualmente suponen alrededor de la mitad de las exportaciones españolas), en particular en algunos países asiáticos, mientras que, por otro, pueden reforzar los vínculos en el seno de la UE».
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