En punto muerto

24/07/2023

Maite Vázquez del Río.

Lejos de todas las encuestas -hasta se me antoja que el más acertado fue el denostado barómetro del CIS- tras el 23J, España no tiene gobierno que le gestione. Las cuentas no salen, ni por la derecha ni por la izquierda. Casi en empate técnico, por un puñado de escaños, y sin segunda fuerza que aúpe al PP o al PSOE hasta la mayoría absoluta que les permita acceder a La Moncloa.

Se avecinan semanas interminables de reuniones. Con socios para el camino que exigirán lo imposible, desde cargos hasta acciones de gobierno. Los dos líderes tendrán que sopesar si compensan todas las cesiones que tendrán que aceptar para poder gobernar. Y también si se mira a medio plazo, si no les pasará factura todas las concesiones y perderán toda opción.

Las calculadoras de unos y otros están que echan humo. El PP destrozó muchas posibilidades de acuerdos por la oposición realizada durante los últimos cuatro años del «sanchismo». Alberto Núñez-Feijóo no se ha granjeado muchos amigos en el año y medio que lleva al frente del PP. Incluso su socio natural, Vox, está más que disgustado porque le ha arañado muchos votos y, encima, durante la campaña electoral se han dicho muchas cosas ofensivas para poner distancias entre el PP y Vox. Ahora Abascal con menos fuerza para imponer por votos, aunque esencial si el PP encuentra otros aliados, le pasará una factura muy alta a Feijóo si quiere su apoyo. Nada más conocerse los resultados, el líder de Vox ya vaticinaba la repetición de las elecciones.
El resto de las formaciones que podrían considerarse conservadoras, como el PNV, queda descar-tado después de los improperios escuchados durante los últimos cuatro años desde los escaños de los populares. Otros han desaparecido el mapa del Congreso, como los representantes de la España Vaciada. Con los partidos catalanes todavía tiene menos posibilidades. Como dirían «res de res». En definitiva, con la calculadora en la mano a Feijóo no le salen los 176 apoyos que necesitaría para tener la mayoría absoluta.

Por eso Feijóo desde el balcón de Génova, y con la calculadora aún humeante, pedía a Sánchez su ya conocida cantinela de que gobierne el más votado. Lástima que sólo lo recuerda cuando le interesa a él. Si no, que se lo pregunten a algún que otro presidente autonómico y muchos alcaldes de toda España. No se puede estar en misa y repicando, y pedir lo que no se es capaz de dar.

Pero la calculadora de Sánchez no se le va a la zaga de la de Feijóo. Tampoco le salen los 176 apoyos. La única salida sería negociar y dialogar muchísimo y, tal vez. Aunque le queda un hueso muy difícil de roer: Junts per Catalunya que casualmente tiene la llave para alcanzar esos soñados 176 votos. Y sabedores de ser la clave de la gobernabilidad, el primer pronto de los herederos de CiU es decir que la gobernabilidad de España les importa un pimiento. Pasada la noche electoral y calibrando las posibles salidas ya están poniendo precio: amnistía total para todos, incluido Puigdemont, Comín y Ponsatí, y además dejar a los catalanes el referéndum de independencia. Tal vez se hayan ido de pasada porque a la vista de los resultados electorales, el independentismo ya no tiene la fuerza que creía tener, y prefieren la normalidad. De celebrarse en estos momentos un referéndum, los independentistas perderían.

Total, la gobernabilidad de España se encuentra en punto muerto. Nadie cuenta con los apoyos necesarios, pese a que el PP haya ganado en votos y porcentajes, y el PSOE no esté tan débil como se decía y esté resistiendo hasta el final. De seguir así las cosas, España mantendrá su presidencia europea con Pedro Sánchez a la cabeza, y los españoles tendremos que volver a votar por las Navidades si es que a Feijóo no le parece mal. Aunque este 23J votara más del 70% de los electores y Correos registrara récord de votos por correo.

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