La democracia nos trae cosas excesivamente curiosas. Los resultados del 23J en España son una muestra de que los partidos políticos tienen que echar mano de calculadora para poder gobernar. Lo de menos es la ideología y lo de más son los compromisos y pagos que se darán a cambio, que ninguno de los que hemos votado llegaremos a conocer.
Núñez Feijóo se sigue proclamando ganador por el número de votos recibidos, lo que le ha supuesto unos escaños con los que no va a poder gobernar. Está reseteando todo lo dicho hasta antes del 23J para que con la calculadora en mano poder decir que podrá gobernar. Pero en todo este juego de números parece haber líneas rojas imposibles de traspasar.
Nunca sería posible que los votos del PSOE, Sumar, ERC o EH Bildu le fueran a votar. Y él ya lo ha descontado. Pero Vox ya se ha comprometido a no exigir ninguna vicepresidencia ni ministerio. Lo que no sabemos es que puntos ideológicos voxistas tendría que cumplir.
El problema son los votos de otros partidos como el PNV, el partido conservador vasco, al que ha despellejado el PP a lo largo y ancho de la anterior legislatura. Los dirigentes peneuvistas le dijeron nada más conocerse los resultados que no cuenten con ellos. Pero eso fue en caliente. Los nacionalistas vascos también tendrán que echar mano de su calculadora para dirimir qué es lo que más les conviene, ya que EH Bildu les ha ganado la partida en las últimas elecciones generales. Tendrán que valorar qué apoyo les restará más votos en las próximas elecciones vascas, si apoyar a Feijóo o mantener a Pedro Sánchez en la Moncloa.
No obstante, la calculadora que más humo está echando es la de Junts. Las cosas que tiene la democracia, porque lo permite nuestra Constitución, un prófugo tiene en sus manos decidir quién gobernará o si se repiten las elecciones. Puigdemont, mientras pugna con la justicia europea y española, sigue erre que erre y aún más crecido, exigiendo para Cataluña lo que es imposible en el Estado español, la independencia previo referéndum. Lamentablemente el 23J le insufló parte de un fuelle que se iba desinflando.
Y como cualquier voto vale su peso en oro, el de Coalición Canaria, es otro que puede sumar hacia la derecha o la izquierda. Al principio puso sus líneas rojas, no apoyaría a nadie que fuera aupado a la presidencia por Vox o por Sumar. Vamos que inicialmente iba a ser un voto perdido, pero con el paso de los días, los nacionalistas canarios se decantan por el PP. Nunca conoceremos qué habrían conseguido a cambio, porque Vox estará presente en un posible gobierno del PP, aunque no forme parte del Ejecutivo, pero sí sus compromisos ideológicos.
En el lado opuesto de Feijóo está Pedro Sánchez. Los españoles ya estamos acostumbrados a que los partidos de lo que se conoce como de izquierda o progresistas estén siempre a la gresca. Los de derecha, aunque entre bambalinas estén en bronca permanente, se muestran siempre como un bloque unido e irrompible. Los de izquierda, ya son otra cosa. Solo PSOE y Sumar, en esta ocasión parecen mantener la cordura sobre lo que está en juego. El resto con amenazas y exigiendo lo imposible por sus puñados de votos.
El PNV le recuerda a Sánchez sus incumplimientos de la anterior legislatura. No le vale que por su apoyo perdiera papeletas a su favor el 23J porque EH Bildu también apoyó leyes de Sánchez y ha conseguido más votos. CC ha descartado definitivamente su apoyo al líder socialista y ya lo ha comprometido a Feijóo.
Y por lo que respecta a ERC, que también ha perdido votos el 23J dejando parte de su espacio electoral al PSC, las amenazas no dejan de arreciar. A Junqueras y Rufián no les importa que gobierne Feijóo, donde ya dan por sentado que no rascarán nada de todos sus objetivos. Le dejan la patata caliente a Sánchez para que decida, porque es en ese espacio donde creen que podrán abrir una brecha que les abra camino.
La próxima semana se conocerá quién presidirá el Congreso de los Diputados, un adelanto de lo que podría pasar en el camino hacia la Moncloa. Aunque como la democracia cada vez amplía más sus paradojas nos podría dejar el extraño caso de que el partido que presida el Congreso no sea el que presida el Gobierno. Todavía queda mucho por jugar con la calculadora.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.