Carta abierta a unos dirigentes inútiles

14/12/2011

Miguel Larrañaga. 13-12-2011

Hay dos tipos fundamentales de dirigentes, los capacitados y los inútiles, y en la lotería de la política comunitaria nos han tocado los inútiles. Mirando las cosas con cierta distancia y desapasionamiento, la realidad de la política europea está exactamente como parece. No hay nada oculto. Tenemos los peores políticos que se recuerda y, encima, cada cual mira para sus intereses nacionales, cuando no los puramente partidistas, que ahí no tienen nada que echarle en cara Merkel a Cameron.

Se esperaba de esta banda de indocumentados que tomaran medidas urgentes para recuperar la credibilidad del euro, que es tanto como decir la credibilidad del proyecto europeo. Pues bien, estos politicastros, en su enésima cumbre y tras llenarse la boca de palabrería sobre la fortaleza de la Europa unida, han demostrado su inutilidad. Han dedicado el tiempo a las habituales reyertas internas y han permitido que la inaceptable postura de Gran Bretaña retrase otros tres meses la solución.

Miren señores. Si el mercado existiera, que no existe nada más que en sus absurdas declaraciones buscando culpables para tapar sus responsabilidades, se estaría partiendo de risa de ustedes. Si algo no tenemos los europeos es tiempo. Los griegos no pueden dejar pasar un día más a no ser que ustedes quieran llevarles al límite del hambre. Los portugueses no puede esperar más a no ser que ustedes quieran que terminen como los griegos. El mundo en general no puede esperar más tiempo a no ser que ustedes quieran precipitar la caída de España e Italia y generar un cataclismo económico que dejaría en pañales lo de Lehman Brothers.

No me vengan ustedes con cuentos y estupideces. Los europeos les pagamos (una pasta, por cierto) para que ustedes, dirigentes nacionales e instituciones comunitarias, dirijan, lideren, decidan… A cambio, lo que presenciamos cada vez me recuerda más a los policías de tráfico novatos que, en lugar de arreglar el atasco, se dedican a mirar lo que hace el semáforo y a dar un concierto de silbato gesticulante.

No es el mercado el que exige una solución rápida. El mercado, con sus sesiones en rojo y en verde no es más que el semáforo que ustedes llevan meses mirando de reojo mientras dan pitidos y gesticulan sin resolver el atasco. Quienes exigen una solución rápida son los ciudadanos europeos. Exigen respuestas serias, contundentes y creíbles en lugar de jaulas de grillos y peleas de gallos.

No digo yo que no sea serio terminar con los déficit excesivos, ni tampoco defenderé que no haya que recortar gastos, pero les agradecería que pensaran que desde marzo de 2010 lleva toda Europa esperando a que ustedes se pongan de acuerdo en cómo. Ustedes exigen a unos y a otros medidas, ajustes, esfuerzos, recortes, sacrificios (siempre sobre los lomos de los mismos)… ¿quién les exige a ustedes seriedad y eficacia?

No sólo no resuelven el problema sino que cada día más se convierten en el problema mismo. No fueron capaces de anticipar la gravedad de la quiebra de Lehman Brothers, no fueron capaces de anticipar la que se avecinaba con Grecia y, como de costumbre, no fueron capaces de conseguir acuerdo palpable alguno la semana pasada, salvo que intentarán tener un nuevo Tratado listo para marzo en el que los países queden obligados a mantener un déficit inferior al 0,5% y determinadas instituciones comunitarias tengan más capacidad de control (incluso interferencia y veto) de las cuentas nacionales.

Lo extraño es que las Bolsas no estén literalmente por los suelos. En el fondo, los inversores son unos benditos, porque al escuchar a Van Rompuy decir eso de «va a ser más difícil de lo previsto restaurar la confianza en el euro» tendría que haberse desplomado por completo la Bolsa, pero no un 3% o un 5%; un 50%. Señor Van Rompuy: nos sale usted por un ojo de la cara y si todo lo que sabe usted hacer para honrar su puesto es decir este tipo de cosas, por favor, márchese a su casa.

Insisto, lo extraño es que las Bolsas hayan bajado hoy tan poco. El Dax ha caído un 0,18%, el CAC un 0,35% y el Ibex un 0,63%, en tanto que el FTSE londinense se ha permitido el lujo de subir un 1,13%. Dejando al margen los análisis de situación político-económica, la impresionante reacción del FTSE abre una puerta a la esperanza, pero ya veremos en qué queda.

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