En menos de una semana hemos pasado de la euforia a la vergüenza. Teníamos que seguir celebrando la primera estrella del mundial de fútbol femenino y una actitud machista y paternalista ha ensombrecido nuestro triunfo en un bochorno a nivel mundial.
Luis Rubiales se ha querido convertir en víctima por unos actos que él solito cometió. Nadie le obligó a tocarse sus genitales en el palco de autoridades, manosear una y otra vez a las jugadoras ni dar un pico a una subordinada. Cuando se es presidente de la Federación Española de Fútbol hay que guardar las formas, lo exige el cargo, el mismo por el que cobra, para «aguantarse» las ganas de celebraciones que sólo les corresponde a las protagonistas que lograron la proeza. La euforia se guarda para dentro.
Con vergüenza torera, y cuando todo el mundo lo daba por hecho, ha dicho, repetido hasta cinco veces que no va a dimitir. En un discurso más propio de un político de Vox, que del máximo responsable del fútbol español resulta, ahora, que él es la víctima de todo lo que hizo. Y culpa a Jenni Hermoso por ser ella la que le vapuleó y hasta le dio tiempo a preguntarla si le podía dar un «piquito». ¿Por qué no le dio el ‘piquito’ a Jorge Vilda, al que acaba de subir el sueldo en medio de sus aplausos, mientras no ha habido ni un euro de subida a ninguna jugadora? Pero si hasta rompió todos los protocolos pasando el brazo por encima de la Reina Letizia.
Ha empañado el triunfo de las mujeres en el fútbol, las que acaban de romper muchos techos de cristal, y ha convertido el recinto de la Federación Española de Fútbol en un mitin electoral con todos los estómagos agradecidos aplaudiéndole. Y, cual cobarde, dejando la responsabilidad de todo lo sucedido en una deportista como la copa de un pino, una mujer, Jenni Hermoso.
Han hablado los políticos, la FIFA y, sobre todo la sociedad española. Si no ha dimitido, se le tiene que inhabilitar. Luis Rubiales no nos puede representar en ningún otro palco, ni de dentro ni de fuera de España, no puede estar en ningún terreno de juego representándonos . Las imágenes valen más que media hora de discurso victimista, y dentro y fuera de nuestro país, Luis Rubiales, se ha retratado perfectamente como es. Lo suyo no ha sido fútbol, ha sido machismo. Ya no representa al deporte español… tal vez se esté buscando un hueco en algún partido político.
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