Las costuras europeas se aflojan

12/10/2023

Hernando F. Calleja.

Han coincidido casi en el tiempo la cumbre Europea de Granada
y las previsiones de otoño del Fondo Monetario Internacional y
ambos acontecimientos dejan un sabor ciertamente amargo en
lo que se refiere a la Unión Europea y por ende a España.
¿Podría establecerse alguna relación entre los pronósticos
económicos del FMI y los resultados de la reunión de la
nomenklatura de la Unión? Sí. La tibieza, la mediocridad y la
frustración.

Si empezamos por la economía, podemos hacerlo con la lacónica
descripción de las perspectivas que ha elaborado el FMI que hizo
su directora gerente Kristalina Georgieva: “Anémico”.

Estamos abocados a un crecimiento mínimo en la zona euro, del
0,7 por ciento este año y de l 1,2 por ciento en 2024, con
rectificaciones a la baja respecto de las previsiones anteriores y
eso que aún no se había producido el estallido bélico entre Israel
y Hamás, un conflicto que se suma a la guerra abierta de Rusia
contra Ucrania y que empeora aún las condiciones objetivas para
el desempeño económico.

A la persistencia de la inflación se une la inestabilidad a las
puertas de la UE y ahora la sempiterna contienda larvada que, al
aflorar, tanto ha influido en los precios internacionales del
petróleo en otras ocasiones. O sea, que de rectificar las
expectativas económicas sería para empeorarlas,
probablemente.

La cumbre de Granada tampoco ha tenido mejores perspectivas
políticas que ofrecer. La Unión da señales de empantanamiento.
Alguna vez he comentado aquí la confianza que me inspiraba la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Layen. Cuando tuve ocasión de hablar con ella hace un tiempo no estuve nada remiso a manifestarle esta admiración. Hoy no
podría decir lo mismo.

La cumbre europea y las reuniones institucionales vuelven a
mostrar dudas, vacilaciones, retrocesos incluso, en materias tan
importantes como la cohesión. Es incongruente a todas luces
plantear calendarios, por vagos que sean, para nuevas
adhesiones mientras se resquebraja la UE actual por mor de
cuestiones como la incapacidad de encauzar los contenciosos
abiertos con Hungría y Polonia y quizás pronto Eslovaquia, en
materia de derechos humanos. Me ronda estos días en la cabeza
una frase de Jan Werner Mueller que venía decir que los liberales
(los demócratas, diría yo) raras veces tienen algo parecido a un
plan para el día después de una votación en la que ocurra algo
parecido a lo que ha pasado en Eslovaquia. Creo que tiene razón.

La Unión no ha manejado las iniciativas húngaras y polacas con la
debida autoridad y con un planteamiento coercitivo decidido. Sé
que puede sonar duro, pero la Unión ya ha pasado por una salida
voluntaria con el Reino Unido. No creo que no pueda afrontar
una expulsión si no se cumplen a rajatabla las cuestiones de
principio que son el alma de la Europa Unida.

Tampoco en materia de inmigración hemos demostrado la
entereza colectiva necesaria. Cada palo aguanta su vela y los
mediterráneos llevamos las de perder. Los responsables de la
Comisión y del Consejo no han hecho los deberes y no han
pasado de formular vagos planes voluntaristas. Otra decepción.

Acaso pronto tengamos que lamentar que la Unión Europea deje
de ser la primera potencia mundial en valores. Para algunos de
nosotros sería como haber echado por tierra los esfuerzos de
media vida.

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