Más deprisa no ha podido ir la cosa. Sin estar ensayado el guión ha salido todo a la perfección. Mariano Rajoy ya es presidente del Gobierno, pocas horas después del juramento ante el Rey desvelaba la lista más secreta de esta democracia, la de los nuevos ministros y un día después, los nuevos ministros tomaban posesión de sus respectivas carteras.
A bote pronto y con los telediarios abriendo las caras de felicidad de los afortunados por la fábrica de sueños, uno a uno fueron cogiendo sus nuevas carteras (llenas de deberes) de manos de sus antecesores, que mostraron el mejor de los estilos y elegancia al desearles suerte. Sólo el nuevo responsable de Economía y Competitividad, por fin, reconoció la labor realizada por Elena Salgado, a la que le tocó «bailar con el más feo». Increíble que la crispación haya desaparecido. ¿Estarán unos y otros cansados? Pero ni un reproche, con un traspaso de papeles idílico, casi, después de lo sucedido en Castilla-La Mancha o Cataluña.
Los mensajes del anterior Gobierno a fuerza de repetirse parecían desgastados ya en los últimos meses. Desde que se conoció el adelanto de las elecciones. Este jueves la coincidencia de la mayoría de los ministros de los departamentos económicos llamó la atención. La nueva titular de Empleo (antiguo Trabajo), Fátima Báñez, ha prometido dejarse la piel en encontrar empleo para los más de cinco millones de parados con que acaberemos el año; el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, también nos aseguró que toda la política económica irá dirigida a crear empleo… hasta la todo poderosa Soraya Sáenz de Santamaría habló de la lucha contra el paro que emprenderá el nuevo Gobierno.
Entre tanto, y tras el debate de investidura, y más de esta promesa voluntarista, tan voluntarista como la de Zapatero, Salgado y Valeriano Gómez, Mariano Rajoy nos ha adelantado muchos cambios. Esperemos a conocer las primeras decisiones del primer consejo de ministros, que vendrá con medidas que empezarán a reflejar el nuevo «talante» que habrá en La Moncloa, aunque por lo dicho por Mariano Rajoy en el renovado Congreso de los Diputados, el grueso de las reformas se conocerá en marzo/abril. ¡Qué casualidad justo un poco después de las elecciones en Andalucía!
La reforma laboral llegará con Reyes. Ese es el propósito. Ya se verá si habrá «mini-jobs» o maxi-huelgas generales. Pero reformas pendientes hay muchas más, fundamentalmente, del sistema financiero, ya que Luis de Guindos en sus últimas entrevistas era un convencido de que habrá más fusiones y que se debe continuar con los ajustes hasta sacar el último ladrillo y milímetro de suelo a la luz; pero también del sistema energético; de los horarios comerciales; de las cuentas públicas autonómicas y locales; reformas fiscales encaminadas a favorecer a las empresas para que el crecimiento económico eluda la recesión; tomar una decisión sobre el futuro de la energía nuclear; también sobre las obras del AVE y demás construcciones públicas ante la ausencia de dinero; reforzar el sector turístico para convertirlo en uno de los motores que nos saque de la crisis, junto con el comercio exterior; dar una solución a sectores en graves dificultades como el del motor; o seguir negociaciando fondos estructurales, cuotas de agricultura y pesca…
De momento, habrá que creer, así nos lo están diciendo desde el nuevo Gobierno… que de esta vamos a salir.
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