Despedimos el año con una aparente apariencia de tranquilidad, que en nada es reflejo de lo vivido en este 2011. Ha sido un año volátil de principio a fin, e incluso no necesitamos irnos tan lejos. Tan solo hace unos días vivíamos unas jornadas en la que los mercados no tenían claro si iban y venían. ¿Un ejemplo? La sorprendente inyección de liquidez del BCE a la banca europea, por un importe de 489.191 millones de euros, cifra que superó ampliamente las previsiones del mercado (que anticipaban una subasta de 310.000 Mn€). La noticia en un primer momento desató la euforia de los mercados, pero al cabo de unas horas, empezaron a rumiar la gran pregunta: ¿esto es bueno o es malo?
Pues como muchas cosas en la vida, todo depende del cristal con el que se mire. Es cierto que la medida puede evitar un colapso del sistema crediticio pero por otro lado el tamaño de la subasta hace pensar que para las autoridades monetarias hayan tomado esa medida, es que a lo mejor las cosas están aún peor de lo que pensamos.
Vamos a empezar el año con optimismo y pensando que la medida ha sido concebida como un estímulo a la economía. Ahora el siguiente paso es saber qué harán las entidades bancarias con tanta liquidez, algo que ni el mismo Draghi tiene claro. Básicamente los bancos tienen dos opciones: o prestar ese dinero o invertirlo en deuda.
A priori, parecería que la primera opción es la mejor. Uno de los múltiples problemas a los que nos enfrentamos es sin duda la escasez de crédito que está llegado a familias y empresas; si el crédito llega a los consumidores, es fácil deducir que éstos incrementarían su nivel de consumo e inversión, lo que a su vez ayudaría a la reactivación de la economía.
La otra opción sería que los bancos empleen esos recursos en la compra de deuda. Esta alternativa traería algunas consecuencias, nada desdeñables tampoco. Por un lado, si los bancos consiguen dinero al 1% y lo invierten al 5%, consiguen una fuente alternativa de ingresos, que les permitiría compensar la estrechez de los márgenes en la actualidad. Además, si los bancos compran deuda masivamente, esto contribuirá a rebajar la presión sobre las primas de riesgo, lo que se traducirá en unos costes inferiores en la emisión de deuda por parte del Gobierno. Y seguimos con los efectos en cadena, ya que menores costes por la deuda emitida (y recordemos que en 2012 el Tesoro Público afronta vencimientos por importe de 120.000 Mn€), supondrá un alivio para las maltrechas cuentas estatales y podrían evitar que se tuvieran que hacer ajustes en otros lados. Sea como sea, esperamos que éste sea solo el principio, el punto de arranque para la salida de la crisis. ¡Felices fiestas!
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