Oposición tóxica

07/02/2024

Luis Díez.

La coincidencia entre el jefe de la oposición Alberto Núñez Feijóo y su inferior Santiago Abascal Conde en sus calificativos contra las precauciones medioambientales de la política agraria común de la Unión Europea, confirma una vez más la poca diferencia entre la derecha extrema (PP) y la extrema derecha (Vox). Feijóo y Abascal coincidieron en sus preguntas al presidente Pedro Sánchez en denunciar “el dogmatismo climático” del Gobierno por aceptar las limitaciones de la UE para preservar el medio ambiente. Es el compromiso de España con la agenda 20/30 y es también una obligación de los poderes públicos responsables ante lo que está ocurriendo, es decir, la emergencia climática.

Pero se ve que lo mismo a Feijóo que su colega de pecho henchido a pie y a caballo les importa un rábano el cambio climático y sus efectos más lacerantes, la falta de lluvia, la escasez de agua, la desecación de los acuíferos, la erosión de las tierras de labor. Con su política de tierra quemada en España (en la UE los conservadores son más razonables), no dudan en ponerse al frente de las tractoradas si con ello consiguen deteriorar al Gobierno progresista.

Lo de esa tropa es el “non piove, porco governo”, las macrogranjas, las explotaciones pecuarias intensivas, la agricultura insostenible, el envenenamiento de suelos y aguas (caso del Mar Menor) con sulfatos y pesticidas, la destrucción de la fauna y la microfauna (abejas incluidas) y, en último término, el beneficio fácil y rápido. Eso sí, sin renunciar a los pagos de la Política Agraria Común, la PAC de la UE.

De esa peligrosa política cencerril del PP y Vox se derivan daños evidentes y paisajes marcianos. Pero tanto les da. Aunque los efectos de la emergencia climática amenazan a los humanes, insisten en tildarlos de “dogmatismo”, “fanatismo” y otras garambainas neoreligiosas, como si el asunto fuera creer o no creer. Con razón Sánchez les tildó de “oposición tóxica” y se quedó corto, pues los postulados de esa tropa abanderada son además muy peligrosos.

A determinados políticos malincuentes convendría recordarles que la unidad de los países europeos se fundó sobre el objetivo claro de no volver a pasar hambre. Todos aceptaron una cierta ordenación del territorio y la puesta en marcha de un sistema de incentivos a la producción y almacenaje de las reservas. Esto tan elemental y positivo durante tantos años para los europeos comunitarios, junto con las evidencias científicas sobre el daño al clima y las normas para no forzar la agricultura sostenible, es lo ahora los dirigentes de unas derechas extractivas y retardatarias niegan para conducirnos un siglo atrás. No sé si en tractor o en jumento, pero así van.

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