Que España apenas tiene peso en el concierto económico global es una verdad cada vez más irrefutable. Aquellos años en los que pareció otra cosa apenas si fueron un espejismo derivado del «boom» constructor. Y que sigue sin pintar nada es tan evidente como que el Dax y el FTSE seguían a lo suyo subiendo como jabatos mientras el Ibex arrastraba al CAC en la primera metedura de pata de los nuevos responsables de la economía patria.
Luis de Guindos, flamante ministro de Economía, expresaba su temor de que el déficit final de 2011 fuera incluso superior al 8% del que se viene hablando últimamente (el gobierno de Zapatero habló en todo momento del 6%). Minutos después, el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, corregía la plana a De Guindos y subrayaba que el Gobierno se mantendrá en el 8%.
Caballeros recién nombrados ministros: ¡¡ese no es el camino!! Señor Rajoy: llame usted a capítulo a estos irresponsables y sugiérales que imiten su comportamiento. Es mucho mejor estar callado que decir inconveniencias y, sobre todo, que mostrar discrepancias internas en el seno del Ejecutivo.
Lo único que han conseguido es volver a sembrar los nervios en torno a España, en torno al Ibex y en torno a la prima de riesgo, amén de dar la sensación de que el que manda es Montoro y que De Guindos es poco menos que una figura decorativa. A eso lo llamo yo comenzar con mal pie. ¡¡Trabajen y callen, por favor!!
Total, que pese a que los temores sobre nuestro país se extendieron como la pólvora, el Dax siguó a lo suyo, tirando del mercado, y la aparición de un nuevo buen dato en Estados Unidos, el ISM industrial, terminó por dar la vuelta a todo e incluso el Ibex terminó subiendo, con una impresionante ida y vuelta en el día.
Al cierre, el Dax marcaba un avance del 1,50%, el FTSE del 2,29%, el CAC del 0,72% y el Ibex terminó con una modesta ganancia del 0,10%.
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