Primer desastre. La presión sobre la deuda italiana en el mercado secundario ha llevado a los bonos a diez años al interés récord del 7,19%, momento en el que el BCE ha comenzado a comprar deuda del país transalpino en pequeñas cantidades. La prima de riesgo se ha mantenido en 530 puntos básicos.
Segundo desastre. El Gobierno húngaro se pasa por el forro las normas más elementales de la democracia como la separación de poderes, reforma la constitución y, ahora, se acuerda de que debe negociar para conseguir dinero con el que refinanciar las ayudas de la UE y el FMI que recibió en 2008. La Comisión Europea no parece dispuesta a entrar en el juego de volver a ayudar.
El problema es que Hungría es miembro de la UE y su delicada situación económica es otra presión añadida para todos porque al fin y al cabo los húngaros son socios de la UE y aunque no están en el euro su economía sí está conectada a la del resto.
Ya hay eurodiputados pidiendo la aplicación del artículo 7 a este país, lo que le dejaría sin derecho al voto y con una representación mínima en las instituciones. ¿Por qué no una expulsión fulminante y terminamos con el problema? Por lo de siempre, porque no hay lo que se tiene que tener.
Tercer problema. La pesadilla de los valores financieros no termina y los inversores siguen deshaciéndose de todo lo que huela a banco europeo. El banco italiano Unicredito encendió la espoleta con su ampliación de capital, en la que colocará acciones con un descuento del 43% respecto al precio de mercado del pasado día 3. Desde entonces ha caído más de un 30% arrastrando al resto del sector financiero europeo, que asiste impotente a un aquelarre bajista.
Cuarto problema. Por si fuera poco, los depósitos de los bancos en el BCE han vuelto a alcanzar cifras récord en el día de hoy, sobrepasando los 455.000 millones de euros. Miren ustedes, esto me pone «un poco» furioso. No hay derecho a que se está ayudando al sector y dándole dinero barato para que luego deposite miles de millones de euros en el BCE. Digo yo que el señor Draghi debería tomar cartas en el asunto y terminar con este escarnio obligando a los bancos a hacer algo con el dinero. ¿Qué tal que tengan que pagar por depositar su dinero en el BCE?
Nadie se atreverá, pero una medida drástica de este tipo llevaría, como poco, a la reactivación del interbancario, que está más tieso que la mojama. Lo que ya sería de lujo sería que lograra reactivar el crédito al sector privado, pero mucho me temo que eso no lo verán mis ojos salvo que alguien le ponga a los banqueros una pistola en la cabeza.
Quinto problema. Los gobiernos europeos siguen a su bola y no se conciencian de que el horno no está para bollos. El ejercicio de irresponsabilidad llega al paroxismo de que la Comisión Europea ha rechazado el presupuesto belga por poco realista a la hora de establecer los ingresos. Lo de Bélgica va camino de superar todos los récords, primero estuvo más de un año sin Gobierno y ahora que lo tiene pasa esto. ¿Mejor sin Gobierno?
Pues bien, con todo esto encima pretendemos que los mercados europeos no se hundan en la miseria. Se anuncian más reuniones en la cumbre. Vamos, que el que más y el que menos va a ver a Ángela Merkel en breve y yo no sé si esto será mejor o peor, porque buena parte de lo que pasa ocurre por culpa de la inutilidad demostrada por los europoliticastros.
No seré yo el que diga que Estados Unidos ha sido el modelo a seguir desde 2008, pero las diferencias con Europa son obvias. Hoy se han conocido los datos de paro europeos, con cada vez más desempleados y sin visos de que la sangría haya terminado. También se ha sabido que el sector privado ha creado 212.000 empleos en Estados Unidos en diciembre.
Las diferencias son demasiado evidentes, demasiado sangrantes y demasiado trágicas como para andarse con bromas, pero está cada vez más claro que el gallinero comunitario no ha hecho las cosas demasiado bien, porque Obama tampoco se ha lucido y nos gana por goleada.
Pues con todo esto queremos que nuestras Bolsas transiten por lugares distintos al infierno y, claro, es muy difícil. Al fin y al cabo, los inversores leen los periódicos, saben en qué manos estamos y les otorgan más bien poco crédito. Incluso son algo más generosos que yo, que no les otorgo ninguno a esta banda de incapaces.
En fin, no seguiré por esa senda que se me llena la boca de improperios. Simplemente, contar que la sesión iba incluso bien hasta la hora de comer, pero no hubo forma de seguir resistiendo la presión. Con todo lo que tenemos encima, poca caída me parece la que se ha dado.
Al cierre, el Dax cayó un 0,62%, el CAC un 0,24% y el Ibex un 0,49%, en tanto que el FTSE avanzaba un 0,45%. Puro reflejo de lo que también pasó con el euro, que está en mínimos de quince meses.
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