Política sin espejos

10/01/2012

diarioabierto.es.

Da un cierto bochorno escuchar determinadas cosas a los nuevos dirigentes. En uno de esos aburridos telediarios comparecía María Dolores de Cospedal rasgándose las vestiduras por el caso de los ERES andaluces y, concretamente, por la noticia de que parte del dinero podría haber ido a pagar putas, coca y comidas. Tremendo y reprochable sin paliativo alguno.

Pero es que, segundos antes, los mismos telediarios sacaban a dos expresidentes autonómicos -del PP, por cierto- sentados ante el banquillo de los acusados por temas similares: haber empleado el dinero público en más honra y prez de sí mismos. Y, se sospecha, que en beneficio de sus bolsillos.

Y más. En esos mismos telediarios responsables del gobierno de Mariano Rajoy pedían lealtad y colaboración al PSOE para afrontar la terrible situación económica del país, a la vez que anunciaban medidas que, unos meses antes, ellos mismos se habían negado a aceptar.

Por decir algo, digo que creo en la lealtad que ha de tener una buena oposición. Pero siempre. No se puede exigir cuando se ha negado sistemáticamente. Y no se puede hacer lo contrario de lo que se prometió, basándose en la situación incontrolable de la economía, cuando esa misma razón no sirvió para que, cuando ellos estaban en la oposición, se rechazara cualquier medida de este tipo.

No sé si me explico. Y no me extraña que, cada vez más, se extienda entre los ciudadanos la idea de que la política es así, que de nada vale negarlo, que todos son iguales y que lo normal es que se diga una cosa, se prometa otra, y se haga lo contrario.

La política no tiene espejos. Si los tuviera, pocos políticos podrían soportar su propia imagen reflejada en ellos. Como mucho, de haber espejos en política serían como los del esperpento, espejos cóncavos que deforman la realidad.

Y, mientras el PSOE dedica sus energías a demostrar quién es mejor candidato y el gobierno busca razones para echar la culpa a sus predecesores, el paro sigue subiendo, la economía deteriorándose y la esperanza y el futuro se ahogan entre amenazas de las agencias de calificación.

No salgamos de Ángel González. Leamos con, tranquilidad este poema a la esperanza. Y ojalá sea como él dice:

Esperanza,
araña negra del atardecer.
Tu paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.

Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible…
Mi corazón:
tu nido.
Muerde en él, esperanza.

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