Tiene gracia, o tiene muy poca. Todos los ojos puestos en la subasta española de deuda y España da el do de pecho, coloca el doble de lo previsto y a tipos menores y resulta que lo que no acompaña es todo lo demás.
Los comentarios de Draghi tras el consejo del BCE, como siempre, pesimistas, llevaron la alerta, pero es que luego salieron unas peticiones iniciales de desempleo en Estados Unidos superiores a lo previsto y unas ventas minoristas de diciembre inferiores a lo que pensaban los expertos, así que ya está liada otra vez.
Los inversores viven del más rabioso «hoy» y que ayer la Fed dijera que la actividad económica ha entrado en una senda de crecimiento entre modesta y moderada, que el peligro de un repunte de la inflación es mínimo y que el mercado de trabajo sigue dando muestras de reactivación, parece sonar al Paleolítico. ¿Ayer dice? Algo de ayer no es que sea antiguo, es que ni existe ya.
Lógicamente, el «hoy» de la apertura americana no estaba para bollos, por mucho que la Fed dijera ayer lo que dijo. Y si España ha logrado colocar su deuda, pues nos parece muy bien, pero los yankees no nos van a prestar atención por algo positivo. Si la subasta se hubiera resuelto de otra forma, a estas horas estarían todos los analistas del otro lado del Atlántico echando pestes sobre España, pero se ha resuelto mejor que bien y lo que toca es que se miren el ombligo.
El problema es que si ellos se miran el ombligo, a Europa poco le queda por hacer. Si alguna economía va encaminada hacia la superación de la crisis, esa es la estadounidense, así que su Bolsa manda más aún que de costumbre y eso que siempre manda mucho.
En cambio, de quien sí hablan es de Mario Draghi. Miren que joyita se ha marcado Market Watch (del grupo del Wall Street Journal) para explicar a sus lectores las «sutiles» diferencias entre las formas de actuación de Ben Bernanke y las de Mario Draghi. Es desolador y lo peor es que llevan razón. No se puede esperar ni una sola salida del tiesto por parte de Draghi, ni una sola iniciativa. Todo queda para «Merkozy» y el BCE es un mero espectador (ni siquiera de primera fila) en la salida de la crisis cuando debiera ser un actor con papel protagonista.
En fin, que ya saben ustedes la simpatía que profeso al ex responsable de Goldman Sachs para Europa en la época en la que Goldman Sachs y Grecia hacían mangas y capirotes con la deuda, el déficit y toda la contabilidad del Estado. No seguiré por ahí que me caliento y luego es peor.
Pues bien, en este estado de cosas, cabe decir que el Dax alemán hizo por fin lo que se espera de él. Con el FTSE más preocupado en los últimos tiempos de otras cosas que de empujar hacia arriba, el índice alemán dio muestras cuando arreciaba la presión de que no quería ceder y finalmente lo consiguió, arrastranjdo tras él a los índices de la Eurozona, que salvaron la sesión sin grandes sobresaltos. Una lástima, porque a mediodía todo eran parabienes, jolgorio y euforia, pero asñi es el mercado.
Al cierre, el Dax subió un 0,44% y el Ibex hizo algo más que curioso, avanzar un 0,00% (20 centésimas). El FTSE se contentó con limitar las pérdidas al 0,15%, exactamente igual que el CAC francés. Un apunte, el Mibtel italiano sí decidió salirse del juego global, aprovechó el éxito español (mañana les toca a ellos) y subió nada más y nada menos que un 2,09%.
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