Los nervios de Cubarsi

08/06/2025

Josep M. Orta.

Pau Cubarsi es un joven de dieciocho años que estos días siente los nervios en el estómago. Saca horas de donde no las tiene debido a que la suerte le ha sonreído. Está concentrado con la selección española de fútbol donde invierte las mañanas a entrenar y con frecuencia destina parte de la tarde a charlas técnicas siempre que no haya partido.
El tiempo que le queda no lo invierte en los habituales entretenimientos de sus compañeros de selección, sino que se encierra en su cuarto a estudiar. Y es que estos días, como miles de jóvenes de su edad, afronta las pruebas de selectividad. Espera sacar una buena nota para poder estudiar alguna carrera relacionada con la economía, aunque es consciente que las matemáticas no es su fuerte.
Cubarsi es un afortunado que tiene ficha en el primer equipo del Barça y además va siendo habitual en la selección española, pero a diferencia de muchos de sus compañeros de la élite del fútbol se prepara para su futuro. Sabe que la vida de un futbolista es efímera, que una lesión le puede jubilar prematuramente y que la lotería que le ha tocado es su carrera futbolística no es habitual entre los centenares de miles de jóvenes que juegan al fútbol y a otros deportes desatendiendo sus estudios.
El mundo del deporte mueve muchos millones, pero son muy pocos los que se benefician y con harta frecuencia los que lo hacen dilapidan en pocos años la fortuna que les ha dado el balón. También sorprende los pocos jugadores de élite que tienen estudios (últimamente parece que aprovechando su cultura fija un grupo significativo se interesa por estudiar Educación Física en el INRF, aunque  son minoría).
A muchos padres se les cae la baba pensando que sus hijos pueden ser futuros Cubarsi o Lamine Lamal olvidando los centenares de jóvenes que se han quedado por el camino y que sus posibilidades no ya de jugar en un equipo grande si no en categorías profesionales es mínima (basta repasar las plantillas de primera y segunda división, donde muchos sueldos sólo dan para vivir al día, y no hablemos del deporte femenino). Además, los que llegan a la élite corren el peligro de endiosarse y no saber manejar la fortuna que ganan.
Es bueno y saludable que los jóvenes hagan deporte, pero es mejor que lo hagan para pasárselo bien, para divertirse. Y si les suena la flauta mejor para ellos, pero también hay que estar preparado por esta mínima posibilidad (el Real Madrid y el Barça tienen centenares de jóvenes en sus equipos inferiores y sólo un porcentaje ínfimo llega al primer equipo).
 
Curbarsi en un ejemplo a imitar por su preocupación por labrarse un futuro y no pretender ser un jubilado (si las cosas le salen bien) a los 35 años.

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