Benjamín Netanyahu, prófugo de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad demuestra con hechos, justifica su actuación con la poderosa razón que ya utilizó en su el cardenal Cisneros al justificar su actuación con un “estos son mis poderes”. Y con esta poderosa razón y con el claro apoyo del “pacificador” Donald Trump no le importa violar todos los tratados internacionales, las instituciones, el derecho internacional, leyes de la guerra y todas las condenas que recibe su genocida actuación.
Y ahora, tras permitir darles unas migajas a una población civil que hace tiempo ha condenado a morir de hambre y que, además, sus soldados no dudan en disparar cuando intentan buscar alimentos, el primer ministro de esta democracia que dicen que es Israel promete que tras este gesto “no habrán más excusas” para que su ejército tenga las manos libres en Gaza “hasta la victoria final”. Y además tiene el sadismo de criticar los que no aplauden su actuación acusándoles de antisemitismo. Su discurso y su actuación tienen un cierto paralelismo con el que hacía el siglo pasado un tal Adolf Hitler. Pero cuidado, el fuhrer pudo hacer lo que hizo porque una parte importante de su población lo apoyó y ahora también una parte significativa de los israelitas respalda su actuación porqué esta cruzada es imposible mantenerla sin grandes respaldos internos.
Pero si Netanyahu actúa como actúa es porque tiene las suficientes y apoyos para hacerlo, no únicamente las de su fiel amigo americano al que no duda en tomarle el pelo al igual que se lo toma Putin. También hay muchas empresas que no tienen escrúpulos para hacer negocios con los israelitas sin que les remueva la conciencia las dramáticas imágenes que día sí día también nos ofrecen las televisiones.
Tampoco los países de la Unión Europea se atreven a tomar drásticas medidas. La mayoría de sus miembros se limitan a condenar la actuación israelí pero las palabras se las lleva el viento y no se atreven a tomar medidas más drásticas contra quien ha asesinado las reglas del juego (incluso las de la guerra) y se ha saltado todas las resoluciones de la ONU.
Ya va siendo hora que los países de la vieja Europa pasen de las condenas a los hechos y una buena medida, aunque sea utópica, sería romper relaciones con el estado israelí y cortar el trato preferencial que tiene y prohibir las relaciones comerciales. Ya ha pasado el tiempo de las condenas testimoniales y empieza a ser hora de los hechos.
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