El trabajo híbrido impulsa una nueva era de productividad

04/08/2025

Mark Dixon, CEO de IWG. En España, la productividad laboral creció apenas un 0,5 % anual entre 2011 y 2021, frente al 1,2 % de media en la OCDE. Esta diferencia refleja una oportunidad clara: apostar por modelos híbridos y descentralizados podría impulsar la productividad nacional.

La adopción generalizada del trabajo híbrido ha transformado cómo y dónde trabajamos, impulsando la productividad, reduciendo costes y mejorando la vida profesional de millones de personas. En los últimos años, esta forma más flexible de trabajar se ha convertido en la norma para una gran parte de los empleados de oficina, con empresas que permiten dividir el tiempo entre espacios de trabajo locales, una oficina central y el hogar.

No es solo un cambio en la forma de trabajar: es una redistribución del valor económico. Ya no es necesario estar atado a una sede central. La tecnología ha eliminado la necesidad de largos desplazamientos diarios.

Se estima que en torno al 40 % de los trabajadores de oficina ya opera bajo este modelo, y todo indica que continuará creciendo¹.Hasta hace poco, los beneficios del trabajo híbrido en términos de productividad apenas se habían estudiado más allá del influyente trabajo del profesor Bloom de Stanford. Por eso me complace especialmente la colaboración reciente entre IWG y Arup, que analiza en profundidad los efectos del trabajo flexible y descentralizado en empresas de todos los tamaños, así como su impacto en la economía local.

Los resultados son reveladores. De aquí a 2030, el trabajo flexible podría aumentar la productividad en un 11 % en EE. UU. y un 12 % en Reino Unido, lo que supondría un impacto económico anual de 219.000 millones de dólares y 24.000 millones de libras, respectivamente. Para 2045, estas cifras podrían elevarse hasta 566.000 millones de dólares y 46.000 millones de libras.

¿Por qué? Porque los espacios de trabajo locales ofrecen entornos más productivos: menos distracciones que en casa, menos tiempo perdido en desplazamientos y más autonomía para organizar el día. De hecho, quienes utilizan espacios flexibles tienen un 67 % más de probabilidades de calificar su productividad como “excelente” frente a quienes trabajan desde casa.

Trabajar cerca de casa permite recuperar tiempo valioso. En EE. UU., los empleados dedican una media de 55 minutos diarios a desplazarse²; en Reino Unido, 59 minutos³, que alcanzan los 86 minutos en Londres⁴. Según nuestro estudio con Arup, hasta el 40 % de ese tiempo recuperado se reinvierte directamente en tareas laborales, y el resto en familia, bienestar personal y vida comunitaria.

También hay un claro beneficio económico. En EE. UU., evitar el trayecto diario a la ciudad puede suponer un ahorro de hasta 30.332 dólares anuales por trabajador; en Reino Unido, hasta 13.188 libras.

No es de extrañar que los trabajadores quieran conservar esta flexibilidad. Los datos muestran que los empleados tienen tres veces más probabilidades de permanecer en sus puestos si pueden trabajar de forma híbrida, lo que reduce la rotación, mejora la cultura corporativa y retiene el talento. Las grandes empresas ya están redimensionando sus oficinas centrales e invirtiendo en centros locales o suburbanos. El estudio con Arup muestra que este cambio podría reducir los costes inmobiliarios empresariales en hasta 122.000 millones de dólares en EE. UU. y 12.100 millones de libras en Reino Unido de aquí a 2045.

El futuro del trabajo está en una red de espacios conectados que permiten trabajar a minutos de casa. Funciona para startups, multinacionales o cualquier empresa que quiera impulsar la productividad, reducir costes y mejorar la vida de sus empleados

España representa una oportunidad clara para beneficiarse de este cambio. Entre 2011 y 2021, la productividad laboral en el país creció apenas un 0,5 % anual, frente al 1,2 % de media en la OCDE. Aunque esta diferencia refleja ciertos retos estructurales, también pone de relieve el potencial transformador de modernizar los modelos de trabajo. Apostar por un enfoque híbrido y descentralizado podría favorecer una mayor flexibilidad, facilitar la adopción tecnológica en las empresas y acercar el empleo al lugar donde vive la gente, factores clave para impulsar la productividad a largo plazo.

No se trata de una moda pasajera, sino de una transformación estructural del trabajo que ya está dando frutos.

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