Pues sí, somos racistas

11/08/2025

Josep M. Orta.

Diga lo que diga la Constitución, en buena parte de los españoles son racistas, especialmente los votantes de los paridos cuasi fascistas. El rechazo a lo diferente (aunque en este caso la diferencia está en todos aquellos que no comulgan con la “España una, grande y libre”) se está extendiendo en importantes capas de la sociedad. Unos, con sus discursos, tiran la piedra y esconden la mano, pero sus seguidores ya han entendido aquello de “quien lo pueda hacer, que lo haga”.
Hace unos años la xenofobia se centraba en los vascos y algunos confundían todo este pueblo con ETA, ahora toca a los catalanes por la incomodidad de muchos de tener una lengua diferente y, como no, también a los socialistas que para algunos tienen cuernos  además rabo.
España ha vivido migraciones unas veces y otras hemos tenido que emigrar. Con frecuencia hemos perseguido inmigrantes a la vez que ignoramos y no reconocemos sus aportaciones, como es el caso de los importantes conocimientos que nos ofrecieron los musulmanes durante los setecientos años que camparon por la península, o los afrancesados en la época napoleónica.
Parece que algunos dirigentes son analfabetos en historia o la reinterpretan de una manera muy peculiar con su idea de imponer   el pensamiento único y combatir la diversidad.
Hoy la xenofobia se centra en los inmigrantes, especialmente los colectivos más desfavorecidos, vengan de África, América, Europa del Este o Asia, vengan en patera o en avión como turistas. Una gran mayoría vienen para ganarse la vida de la mejor manera que les dejan, siendo maltratados y peor remunerados con la permanente espada de Damocles de la deportación. Hacen los trabajos más penosos sin derecho a protesta y alguien saca grandes beneficios de su precariedad.
También hay delincuentes y mafias especializadas (no en menor medida que los hispanos) pero son los políticos quienes no hacen leyes para que los jueces no tengan que dejarlos en libertad provisional cada vez que cometen un delito (y en algunos casos uno detrás de otro). Eso sí, los medios de comunicación son especialistas en resaltar la procedencia de los reincidentes.
También encontramos racismo con las mujeres, que algunos aún quieren tenerlas de adorno y son más que reticentes en aceptar una igualdad que socialmente en muchos sectores está muy lejos de producirse, y no digamos con los colectivos LGTB.
El racismo está en muchas partes y afecta a no pocos colectivos, no sólo en Jumilla.

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