Maestro en destruir 

25/09/2025

diarioabierto.es.

Un viejo proverbio alemán se pregunta ¿por qué correr tanto si se va por el camino equivocado? Donald Trump tiene prisa para construir su utópico mundo. Este licenciado en economía por la universidad de Pensilvania es un hombre de negocios que sólo le interesa el dinero, aunque su actividad empresarial no parece que sea precisamente ejemplar.
Su mundo utópico pasa por destruir todo lo que no le gusta y reformulando la famosa frase de Winston Churchill “nunca tan pocos hicieron tanto para perjudicar a tantos” y es que el presidente norteamericano está destruyendo todo lo que le sale al paso y rompiendo todos los esquemas.
Ha militarizado Estados Unidos sacando al ejército para combatir a sus ciudadanos, con sus conocimientos médicos desaconseja las vacunas al tiempo que pretendió combatir el covid con un trago de lejía, descarta medicamentos de probada eficacia (paracetamol), desautoriza a la comunidad científica y pretende desmontar las prestigiosas universidades estadounidenses. Con su afán de venganza desmonta el sistema judicial, veta  la importación de cerebros que tantos beneficios ha dado a los Estados Unidos y por extensión al mundo, pone condiciones más que onerosas a las empresas que pretenden instalarse en su país y, además, crea la inseguridad con sus registros y detenciones a sus trabajadores que paralizan la producción. Como en el lejano Oeste, ha convertido a su país en una sociedad sin ley (por las rebuscadas interpretaciones que hace los textos legislativos y por el descarado uso que utiliza con los tribunales). Además, pretende modificar irregularmente los distritos electorales y no se sonroja en apuntar que con ello ganaría unos cinco diputados más.
Ha convertido en inseguras las calles norteamericanas con su afán de perseguir a sus enemigos, unos por ilegales, otros por rojos, anarquistas… en definitiva sus enemigos. No es extraño que las empresas turísticas se hayan resentido. No es atractivo visitar un país con un sistema policial arbitrario que, además, gracias a la poderosa  Asociación Nacional del Rifle, muchos ciudadanos poseen legalmente armas de fuego y está claro que quien tiene un arma es que está dispuesta a utilizarla en algunas circunstancias.
En política interna no está claro que sus esfuerzos para “hacer grande América” no consigan destruirla. No sé hasta qué punto sus enfervorizados simpatizantes están de acuerdo con los recortes sociales y el recorte de libertades que les está imponiendo.
Y en política internacional las cosas le van mejor para satisfacer su gran ego, gracias al cual se baja los pantalones con su amigo Netanyahu, su rival Putin o Xi Jinpong. Pero esto sí, rebosa de satisfacción cuando recibe a los dirigentes europeos para ver cómo le rinden pleitesía y le suplican una rebaja de sus aranceles o les exijan que incrementen sus gastos de defensa para invertirlo en la industria armamentística americana. Y no hablemos de Israel, donde su apoyo al genocidio de Gaza ha indignado a casi todo el mundo.
Sus cambios de actitud le hacen imprevisible y su fiabilidad es escasa, su política se parece a una montaña rusa por sus constantes vaivenes. Como dato a tener en cuenta, ya que habla en el gran poder de sus armadas, el ejército norteamericano ha salido escaldado de todas las guerras en las que ha intervenido después de la Segunda Guerra Mundial. Bueno es recordarlo.

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