Puede ser mera coincidencia o también mera consecuencia. Pero lo cierto es que el anuncio de Pedro Sánchez de volver a presentarse como candidato del PSOE a las próximas elecciones generales coincidía en el tiempo con la confirmación de la condena a cinco años de prisión al expresidente Nicolás Sarkozy en Francia.
Y anuncia su candidatura siendo consciente de que, salvo cataclismo o nuevos errores de bulto del Partido Popular, va a perder las elecciones, como indican todas las encuestas, salvo las payadas de Tezanos. Pero su aspiración hoy no es ganar, sino alcanzar un mínimo de 110 escaños en el Congreso para mantener las alianzas de la Frankestein y liderar así una oposición que ponga en situación de debilidad extrema a un hipotético gobierno de Núñez Feijóo. Como dice sabiamente el refranero “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”
Enfangado por los múltiples escándalos de corrupción le rodean Sánchez es consciente de que la única forma que tiene para intentar defender a su entorno familiar, a su gobierno y su partido con derivaciones hacia su persona es seguir en La Moncloa o, al menos, ampararse en la inmunidad parlamentaria como diputado y jefe de la oposición. Aunque a la vista de las investigaciones judiciales Pedro Sánchez que ha sido pionero en tantas cosas también puede ser el primer presidente de Gobierno de España que sufrirá el deshonor de ver entra entrar en prisión a su mujer, a su hermano, a su Fiscal General, a sus más directos colaboradores y, si las investigaciones policiales y los procedimientos judiciales se complican, incluso a él mismo.
Recordar que Pedro Sánchez fue el primero en llegar a La Moncloa a través de una moción de censura y no por unas elecciones. El primero en gobernar tres años seguidos sin Presupuestos Generales del Estado. El primero en romper el cordón sanitario a Bildu y pactar con los herederos de los terroristas de ETA. El primero en intentar colonizar todas las instituciones del Estado. El primero en gobernar sin el Parlamento y a las órdenes de un fugado de la Justicia desde Waterloo. El primero en atacar a la Justicia y despreciar la división de poderes. El primero en tener a su esposa y a su hermano imputados por presuntas actividades delictivas. Y el primero en tener a su Fiscal General del Estado y a sus dos manos derechas del partido al borde del banquillo.
Pues a esta larga lista de inauguraciones perniciosas puede añadirse ahora la de ser el primer presidente de un gobierno que aguanta en el sillón con sus más directos familiares en el banquillo de los acusados y, si las investigaciones de la UCO y de la prensa independiente siguen profundizando también posiblemente el primero en España en enfrentarse a un proceso judicial, si es que antes no lo hace su antecesor, Rodríguez Zapatero, por sus negocios y vinculaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro.
Un presidente del Gobierno que, pese a proclamarse fervientemente feminista, sigue mudo ante el escándalo de las pulseras antimaltrato, que han puesto en grave riesgo y angustiado a cientos de mujeres, como también calló cuando la famosa ley del “si es si”, puso en libertad o rebajó las penas a un elevado número de violadores y delincuentes sexuales.
Y un presidente del Gobierno que, utilizando la cruzada de una Gaza que ni le interesa ni le importa más que como cortina de humo para intentar tapar los escándalos que enfangan a su entorno, permanece ciego, sordo y mudo, como los tres monos sabios chinos, ante los crímenes y violaciones de los derechos humanos en la citada Venezuela de Maduro, en Cuba, en la China de Xi Jinping o el Irán de los ayatolás. Claro que para el estar al lado de las dictaduras populistas o de los regímenes teocráticos sangrientos es estar en el lado bueno de la historia.
Por cierto, que puestos a considerar barbas, Pedro Sánchez podría pensar en imitar al también francés y exprimer ministro, François Bayrou, recientemente dimitido por no contar con el apoyo del Parlamento para aprobar su proyecto de Presupuestos del Estado. Y aquí vamos camino de tres años sin ni siquiera presentarlos. Amén.
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