Bodega Las Moradas, un paseo entre nubes

01/10/2025

Carmen Duerto.

Cervantes bebía garnacha tinta de la sierra de Gredos y Santa Teresa escribió en San Martín de Valdeiglesias, su libro de oraciones,  Las Moradas, de donde una bodega toma el nombre. ¿Cuánto influyó en ellos y en su obra el vino tinto con DO vinos de Madrid? Eso no lo sabremos, pero sí que podemos disfrutar como lo hicieron ellos y quién sabe si con tan buenos resultados.

Isabel Galindo, enóloga de bodega Las Moradas

La propuesta comienza madrugando para llegar a la bodega Las Moradas en San Martín de Valdeiglesias. Lo primero es tomar un desayuno campero con huevos fritos (con puntilla), su pan de hogaza y la copita de vino. A continuación, paseo por los viñedos para observar el contraste entre las garnachas retorcidas y centenarias, que se cultivan desde el siglo XII en esta zona, y las jóvenes que van renovando el viñedo. Ambas formadas en vaso, en secano y vendimiadas a mano.

Las Moradas añaden el encanto de la situación, casi entre las nubes, a 900 metros de altura. Son unas 21 hectáreas, lo que no es mucho para una bodega productora de vino, de ahí que sean vinos de autor. Isabel Galindo es la alquimista que los elabora. Ella prueba, hace experimentos, entre sus damajuanas, cubas y probetas. Decanta el blanco de las recuperadas uvas de albillo real y se deleita con el tono amarillo dorado que van tomando los caldos. Es madrileña, ingeniero agrónomo y enóloga y por toda la bodega se descubren detalles de su pequeño reino alquimista, donde ella es Merlín pero en rubio.

“Desde 1999, nos cuenta, trabajamos las garnachas en la vertiente madrileña de la sierra de Gredos (D.O.P. Vinos de Madrid), nutriéndonos principalmente de los viñedos del Pago de los Castillejos. Este paraje especial nos permite elaborar vinos de singular personalidad y elevada calidad, gracias al clima y a las condiciones especiales del suelo en el que nacen estas garnachas tintas y las albillo real.

En Las Moradas de San Martín cuidamos de nuestras garnachas tintas centenarias de la forma más natural posible, lo que se traduce en una decidida apuesta por la viticultura respetuosa con el medio, como forma exclusiva de extraer lo mejor de la uva. Para ello, utilizamos únicamente los recursos que nos proporciona la naturaleza, “escuchamos” a la garnacha para trabajarla como ella nos dicta, realizando una vendimia manual y prácticas ecológicas”.

Paseando entre los viñedos, llama la atención la cantidad de rapaces que se divisan y es que Las Moradas se encuentran en una zona ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) y eso también condiciona todo el emplazamiento. Ni una señal, ni una indicación para llegar hasta la bodega, tampoco se pueden extender porque el entorno paisajístico con sus enebros, encinas, lavandas, jaras, que sobrevuelan las águilas y los halcones son de gran valor medioambiental. Dada la riqueza del entorno, también aprovechan para producir miel con sus colmenas estratégicamente colocadas en la propiedad.

Desde la campaña 2017, tienen el certificado de agricultura y bodega ecológicas (CAEM),  gracias a sus prácticas biodinámicas. Las instalaciones de la bodega son sencillas, pequeñas, tradicionales y prácticas, con capacidad para elaborar unas 80.000 botellas por añada aunque aún no han llegado a esas cantidades.

Vinos en la Sierra de Gredos

San Martín de Valdeiglesias pertenece a una zona históricamente unida al vino, gracias a los monjes del monasterio cisterciense de Santa María la Real en Pelayos de la Presa, que cultivaban las viñas y al estar entre Madrid, Toledo, Ávila y Segovia había mucho trasiego y se abastecían de garnacha y de albillo.

Hay constancia de que son vinos muy afamados en el Siglo de Oro español, cuando no había escritor ni noble que no se postrara ante ellos. Y se da el caso concreto de que uno de los Pagos, el de los Castillejos de la bodega Las Moradas, donde crecen las garnachas tintas centenarias, es un terreno de tradición vitivinícola documentada desde el siglo XII, aunque constan referencias de los romanos. En 2006 una familia emprendedora, los Nozaleda, cogieron el testigo de Las Moradas iniciado por siete socios en 1999. La idea es seguir recuperando, manteniendo y desarrollando para que estos vinos sigan siendo motor de desarrollo de la zona y se posicionen a la altura de su calidad.

Apunten en su agenda de placeres estos nombres; ALBILLO REAL,  ENSAYO, SENDA, INITIO, LA SABINA Y LAS LUCES.

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