A Donald Trump no le cabía la camisa en su generosa barriga tras el anuncio de Hamas de acepar el plan de paz. Su gran ego rebosaba de satisfacción al ver que su genocida ultimátum, que había expresado horas antes, había prometido “desencadenar un infierno nunca visto contra Hamas, había dado resultado.
Todo el mundo occidental y el árabe se congratulaba –quizás prematuramente- ante la posibilidad de poner fin al conflicto. La esperanza es lo último que se pierde,
No quiero ser pájaro de mal agüero, pero el principal protagonista para que el acuerdo llegue a buen puerto es el primer ministro israelí. Basta recordar que tras la escenografía en la Casa Blanca sellando el acuerdo entre los dos líderes, Netanyahu nada más regresar a Israel era contundentemente claro al reinterpretarlo. En uno de los puntos contemplaba la posibilidad de un futuro estado palestino. Preguntado en una rueda de prensa sobre esta posibilidad fue radical: ”no, en absoluto” y aún añadí que ello sería “un premio enorme al terrorismo” y consideró que el acuerdo de Washington “coincide con sus objetivos bélicos” y valoró que Gaza “nunca más representará una amenaza para Israel». Si esto no es romper desde el primer momento el acuerdo se le parece mucho.
Todo ello se produce cuando se desarrollan importantes manifestaciones por la detención de la flotilla humanitaria que pretendía llevar suministros a Gaza. Con gran despliegue de medios, las tropas israelitas les importó muy poco asaltarlos en aguas internacionales y detenerlos. Como es un estado policial, están preparados para ello y tienen cárceles habilitadas para alojar al medio millar de prisioneros de la flotilla. Sin embargo, no han podido evitar que esta simbólica ayuda (que tiene más de espectáculo que otra cosa) haya obtenido una gran repercusión en un momento que 151 países hayan reconocido el estado palestino.
Al primer ministro israelí le importa poco su aislamiento internacional y el estar en busca y captura por la Corte Penal Internacional mientras tenga el apoyo de los Estados Unidos. Pero esto puede cambiar de la misma forma que ha cambiado la amistad de Trump con el presidente ruso Vladimir Putin. Hace unos días se publicaba una encuesta del The New York Times y Siena College realizada entre el 22 y el 27 del pasado setiembre. Si tras los atentados del7 de octubre del 2023 el 47% de los americanos mostraban su simpatía con Israel, ahora esta simpatía ha caído al 34% mientras que el 35 por ciento estaban con los palestinos y un 31% no estaban seguros a quien apoyar. Si estos datos son significativos lo es más que una gran mayoría de estadounidenses se opone enviar ayuda económica y militar adicional a Israel y un cuarenta por ciento considera que las tropas israelitas están matando intencionadamente a civiles en Gaza.
Quizás estos datos los tenga Trump en el despacho oval cuando, como es presumible, Netanyahu pretenda tomarle otra vez el pelo.
Aviso Legal
Esta es la opinión de los internautas, no de diarioabierto.es
No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Su direcciónn de e-mail no será publicada ni usada con fines publicitarios.