Recordado Labordeta

14/11/2025

Josep M. Orta.

La imagen que se trasmite a la ciudadanía de los –con frecuencia- soporíferos plenos del Congreso habitualmente se reduce a un titular del presidente del Gobierno y un subtítulo del jefe de la oposición o en un escaso minuto en los medios audiovisuales. Raras son las veces que las intervenciones de los portavoces de los siete grupos parlamentarios restantes tienen cabida a en las crónicas. Ahora lo ha tenido el discurso de Junts, no por lo que dijeran, sino por las consecuencias de su decisivo voto, pero es una excepción.
Detrás de las intervenciones de los oradores hay un trabajo importante de las infraestructuras de los distintos grupos parlamentarios, con frecuencia con argumentos más o menos sólidos de sus  ideologías, otros –que son los que se destacan- de insultos y descalificaciones con los que adornan su discurso  y que son tan estériles políticamente  como los aplausos del correligionario del interviniente por los miembros de su grupo o los abucheos de sus rivales.
Los primeros espadas de la política acostumbran a merecer la atención de sus señorías, atención que disminuye notablemente e incluso pasan desapercibidas las frases ingeniosas que los respectivos equipos han elaborado para tratar de llamar la atención. Sólo el presidente del Gobierno les ha de prestar atención para tener argumentos para contestarles.
Unos pocos hablan, sólo escuchan los que buscan argumentos para replicar al orador, la política, el diálogo y las negociaciones no se producen en el pleno, sino entre pasillos o en reuniones privadas. Cuando las propuestas llegan a la Cámara, sean cuales sean los argumentos, todo está decidido. No es de extrañar que para el común de los mortales la actividad parlamentaria deje de ser una de sus prioridades informativas, incluso por el espectáculo que ofrecen en alguno de sus múltiples barullos. Ha de pasar algo excepcional para que merezca la atención, sobre todo ahora que la cortesía parlamentaria hace meses que está de vacaciones.
Pero muy de tarde en tarde salta la liebre y es bueno recordarlo. En el pleno del 5 de marzo del 2003, cuando bien entrada la tarde le tocó hablar al diputado del Grupo Mixto en representación de la Chanta Aragonesista, José Antonio Labordeta, entre la huida de sus escaños de muchos diputados y los insultos a la actividad musical del aragonés, éste fue contundente con su célebre “señores del PP váyanse a la mierda”. Con este exabrupto logró un protagonismo que no lograba con su gran e intensa labor parlamentaria, que obviamente resultaba estéril. Sin embargo logró transmitir una imagen bastante clara de los plenos parlamentarios, donde todo el mundo habla y son muy pocos los que escuchan.

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