¿Quién es Gabriel Zucman? Es un joven economista francés experto en desigualdad, próximo a Piketty. Su propuesta consiste en gravar con un 2% los patrimonios superiores a 100 millones de euros. Richard H Thaler, estadounidense y premio Nobel de Economía en 2017 es un experto en psicología económica.
La idea de Zucman es seductora: sacar el dinero de los ricos para repartirlo, dado que su dinero, en estos tiempos, crece solo. Sin embargo, el pensamiento de Thaler recomienda cuidar a los ricos; para poder sacarles el dinero, conviene no arruinarlos.
Richard H Thaler no parece oponerse a una Tasa Zucman que disminuya la desigualdad y alimente una renta universal. Lo que plantea son los inconvenientes que esto puede acarrear. En general, cobrar por el valor de las cosas y no por lo que rentan suele traer problemas, especialmente en tiempo de cambio climático. Así, Thaler considera contraproducentes las tasas que gravan el valor de los capitales. Plantea que, de establecerse una tasa sobre el valor de las cosas, habría pocas compañías cotizadas ¿Qué pasaría con las valoraciones no de mercado, por ejemplo, de las compañías de IA? Ese dinero no existe en realidad y si fuera una burbuja ¿qué ocurriría si explotase? Otro ejemplo es el Arte.
En definitiva, Thaler parece sostener que una tasa Zucman destruiría riqueza, dificultando el reparto de la misma.
Analicemos el mercado del Arte. ¿Quién compraría una pieza artística valorada en 100 millones de euros si debe pagar un 2% anual, más seguros y mantenimientos? En España, el mercado del arte quedaría reducido a los BIC, que están exentos de pagar ese impuesto. ¿Qué pasaría con los creadores actuales, jóvenes o no tanto, como Antonio López, Barceló, Plensa…? Nadie podría comprar sus piezas porque no estarían consideradas BIC. Así que se perdería el talento actual.
¿Que ocurriría con una casa heredada en zona declarada inundable consecuencia de las lluvias? A efectos de este impuesto, su valor no podría ser el de adquisición, sino el correspondiente a la nueva situación. ¿Y con una explotación de regadío en una comarca desertizada por el cambio climático? Tampoco podría cotizar de acuerdo con el valor de adquisición sino con el nuevo, derivado de la nueva situación. Esto es algo que el impuesto actual en España no contempla. Los contribuyentes no protestan porque, en otros bienes, sucede lo contrario: su valor actual es muy superior al de adquisición. Aun así, se trataría de hacer las cosas bien y no encomendarse a la “teoría de errores”, unos errores compensan otros de distinto signo.
El Estado tiene medios para hacerlo bien y, eso sí, cobrar tipos muy bajos y manteniendo la salvaguarda del límite conjunto. Seguramente el Estado ingresaría más y la cosa sería más justa.
Lo anterior tiene dos lecturas: gravar capitales puede ser muy injusto; por el contrario, si se gravan conviene que los poderes públicos acometan las inversiones necesarias para seguir gravándolos y que los ricos no se arruinen. El Capital es de todos. No solo de los propietarios.
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