Eran las dos de la madrugada cuando sonó el teléfono. Era Milene, la mujer de Antonio Franco, subdirector del Diario de Barcelona que me dijo “Ha muerto”. Me faltó tiempo para vestirme e ir al periódico. Fue Juan Antonio Samaranch, por aquel entonces presidente de la Diputación de Barcelona y siempre muy cuidadoso en las relaciones con los medios, quien llamó al diario para dar la noticia.
Todo estaba preparado, era un diario de laboratorio en el que todo estaba preparado a la espera de la señal que se produjera el llamado “hecho biológico”. Muchos rotativos imprimían en huecograbado que necesitaba un largo proceso de elaboración, por ello aquel día las portadas de la mayoría de diarios salían con su “Franco ha muerto” sin fecha. Pero la portada estaba hecha y sólo fue necesario una entradilla en la primera página de tipografía. En pocos minutos el viejo Brusi estaba en los quioscos de Las Ramblas, tras depositar los preceptivos ejemplares en la delegación barcelonesa de Información y Turismo. Aún faltaban horas (a las 4,58) para que Europa Press difundiera su famoso despacho de “Franco ha muerto” acompañado de las insistentes campanitas que anunciaban las grandes noticias.
Una de las razones de la larga e inhumana agonía que sufrió Franco estaba relacionada con la necesidad que tenían las fuerzas del régimen de mantenerlo con vida hasta el día 26, fecha que se le acababa el mandato al presidente de las Cortes y que aspiraba a que le renovaran en el cargo, con lo que hubiera complicado seriamente la transición. De alguna manera, el cargo conlleva proponer al Jefe del Estado la terna que debía proponer al futuro jefe del Gobierno para demostrar aquello de que “todo estaba atado y bien atado”.
Sin embargo, a los franquistas nada les salió bien en aquel proceso, no pudieron controlar que fuera Torcuato Fernández Miranda el encargado de pilotar la transición ni tuvieron el margen de tiempo para aplicar las planificadas medidas de la “Operación Lucero” para controlar al país, especialmente a las fuerzas de la oposición, antes de que a primeras horas de la mañana Carlos Arias Navarro (a la sazón presidente del Gobierno) aparecieran en las pantallas de la televisión con su lacrimógeno “Franco ha muerto”.
El incesante desfile de personas que desfilaban ante el féretro de Franco fue retransmitido en directo por TVE, pero la vieja guardia se recluyó a sus cuarteles de invierno y sólo asistió al funeral el general Pinochet, mientras los dirigentes de las fuerzas democráticas de todo el mundo respaldaron al nuevo Rey en su toma de posesión.
Eran tiempos de esperanza para muchos. Franco había muerto, aunque franquistas los hubo y ahora parece que algunos quieran resucitarlos.
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