Hace justo un año, Li-Onna irrumpía en la escena madrileña con una promesa clara: fusionar el alma japonesa con la pasión latina para dar vida a una identidad propia, reconocible y poderosa. Doce meses después, y con el pecho lleno de orgullo y satisfacción, el restaurante se ha ganado un hueco en la capital gracias a una comunidad fiel que repite, recomienda y comparte la experiencia. Obviamente, el éxito es posible gracias a un equipo humano, con Victor Créndez, al frente y han hecho de la excelencia su manera de estar en el mundo.

Li-Onna no solo ha conquistado paladares: ha marcado una forma distinta de entender la experiencia gastronómica en la zona de Recoletos en Madrid. A su cocina se suma un ambiente cuidado hasta el detalle y una programación que ya es marca de la casa, como su Vinyl Omakase de los miércoles a partir de las ocho de la tarde —sesiones de vinilos que maridan ritmo y palillos— o esas Bento box, entre la una y las cinco de la tarde, que iluminan los mediodías entre semana. Todo con una premisa: técnica, producto y sentimiento al servicio del disfrute.

Fiel a su esencia, pero en evolución constante, Li-Onna celebra su primer aniversario mirando al pasado, al presente y —sobre todo— al futuro. Inspirado en el carácter de la mujer que le da nombre —fuerte, empoderada, con carácter y capaz de reinventarse sin perder el norte— el restaurante presenta nuevas incorporaciones a carta como declaración de intenciones: llegan unas gyozas de pork belly y langostino que se elevan con vinagre negro de arroz y un sutil chile con ajo; un Crispy Unagi Roll donde la anguila abraza al masago rojo, el alioli de trufa y el aguacate en un bocado crujiente y umami; una brocheta de secreto ibérico barnizada en jerez y acompañada por una ensalada fresca de shiso que limpia y prolonga el sabor; el Gold Member Roll, lujo sin estridencias con wagyu japonés, foie gras, mango, queso crema, salsa de anguila y alioli kimuchi en un equilibrio hedonista; y un tartar de chu-toro que confía en la pureza del atún y la frescura del mango, afinado con kimuchi, mirin, wakame, aceite de sésamo y un toque de tapioca crujiente. Una colección pensada para reafirmar la personalidad japo-latina de la casa y seguir emocionando sin renunciar a su verdad. Sin renunciar a sus imprescindibles como el pulpo anticucho, el atún futomaki o los tacos de hamachi.

Este primer año de trayectoria ha sido solo el comienzo de todo lo que está por venir. Li-Onna mantiene la promesa de ofrecer siempre lo mejor, de sorprender sin perder su esencia y de cuidar un espacio donde cada detalle importa. Es un lugar agradable, bien comunicado, con un servicio excelente y lo más importante, una cocina abierta donde no hay ni trampa, ni cartón.
Li -Onna cumple las expectativas del que busca la fusión de dos cocinas excelsas.
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