Una semana después que el Tribunal Supremo anunciara la condena al fiscal general del Estado en una resolución que no sólo sorprende por la rapidez, sino que curiosamente coincide la resolución con la conmemoración del cincuenta aniversario de la muerte de Franco, empieza en la Audiencia Nacional el juicio contra la familia Pujol. La prisa por condenar a Álvaro García Ortiz contrasta con la exagerada lentitud del proceso que se celebra esta semana cuando el nonagenario presidente catalán tiene las facultades físicas y psíquicas notablemente mermadas.
Las causas de este proceso se remontan al 25 de julio del 2014 cuando Pujol reconoció que tenía una cuenta en Andorra una herencia que le dejó su padre. En una comparecencia en el Parlament en que cayó un símbolo para todo el nacionalismo catalán, el fundador de Convergència advirtió que “si se toca una rama del árbol, caen todas las otras”.
Con un Jordi Pujol en plenitud de facultades este macrojuicio fácilmente se podía reconvertir en un juicio contra las cloacas del Estado. Empezado por la orquestada “operación Catalunya” bendecida por altos cargos del gobierno del PP e, inicialmente, liderada por el comisario Villarejo y los apócrifos informes de los servicios secretos y la “policía patriótica” que alimentaron una serie de bulos inmediatamente aireados por “El Mundo”, como una falsa hija ilegítima de Artur Mas o cuentas secretas en Suiza de Jordi Pujol y Xavier Trias en vísperas de unas elecciones municipales. Sin olvidar la esperpéntica comida en el restaurante La Camarga de la presidenta del PP catalán Alícia Sánchez Camacho con Vicky Álvarez, primera mujer del primogénito de los Pujol, aparte de las presiones policiales a la Banca Privada de Andorra para que rompieran el secreto bancario y facilitaran una captura de pantalla en la que supuestamente figuraban las cuentas de la familia Pujol, entre otros episodios como la incautación de un pen drive en un cajón del despacho de Jordi Pujol Ferrusola que provocó la condena del número uno de la Policía Nacional Eugenio Pino.
Quizás es ser muy mal pensado sospechar que no es casualidad que este juicio, que además de ser muy mediático puede resultar más que incómodo para algunos procesados, se haya postergado hasta que el patriarca de los encausados tenga grandes dificultades para defenderse e incluso su testimonio puede ser cuestionado por sus graves problemas de memoria. Máxime cuando Jordi Pujol había mostrado desde el principio su interés en declarar y defenderse en este proceso… para que cayeran todas las ramas del árbol.
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