Las oportunidades para triunfar están en Castilla: Los Rodero y los Galicia son el ejemplo

28/11/2025

Carmen Duerto. Castilla y León.

 

Cuando llegan los asiáticos a la bodega de Carmelo Rodero le hacen reverencias. No es para menos, es un hombre que tiene su propio clon de uva autóctona de Ribera del Duero, gracias a que cogía los injertos de las viñas de su tío Agapito, que eran las mejores uvas tempranillo de toda la zona. El equilibrio de pulpa y piel es perfecto “siempre he dicho que quería hacer un Vega Sicilia en pequeño” y a fé que lo ha conseguido. Sus referencias; Pago de Valtarreña, TSM, Raza o el Crianza Carmelo Rodero, compiten en la Champion del vino. Con trece años y listo como los ratones coloraos y con más ganas que dinero, carencia que suplía con trabajo sin descanso, fue haciéndose con tierras (ahora cuentan con 170 hectáreas ) y también ganándose la confianza para que le fiasen aun siendo menor de edad. Su energía es tan grande que ha movido el mundo vinícola. Por ejemplo, ha creado un sistema de vinificación por gravedad, sin bombeos, ni fricción contra la uva. Escucharle es pasión y beberse un Carmelo Rodero es llenarse de buena energía e incluso, una experiencia mística. Sus vinos reposan en barricas nuevas de roble francés en una cava donde suenan Cantos Gregorianos “si nosotros somos felices con esta música, el vino también”. Ahora sus dos hijas, Beatriz, ingeniera y María, ADE, llevan las riendas, como enóloga y comercial, respectivamente y están haciendo unos vinos más frutales, dedicando el 20 por ciento a la exportación.

En su feudo de Pedrosa del Duero, recogen 4000 kg de uva por hectárea. Los herbicidas no entran en sus viñedos y siguen la costumbre de Carmelo Rodero de abonar las tierras con estiércol de oveja. Treinta y cinco años les contemplan y se confirma que el relevo generacional ya está afianzado. Ellas no han tenido que luchar desde la nada para levantar una bodega excelsa, como hizo su padre, pero sí se enfrentan a otros retos, como el cambio climático, la incultura de los dirigentes políticos ó la burocracia, si quieren seguir creciendo.

El Toro es más que un bovino

Otro ejemplo, en tierras recias castellanas, de generación de empleo y expansión, es dulces El Toro. Alvaro y Diego, dos jóvenes sobradamente preparados, empresariales uno e ingeniero industrial el otro, son la sexta generación de un negocio que tiene su punto de inflexión en 1946 con los polvorones El Toro. Un dulce que registró su abuelo Amador en 1954. El secreto es sencillo, la calidad de la materia prima y unas recetas secretas del tatarabuelo Fermín. Un gallego de apellido Galicia que se establece en 1850 como confitero en Tordesillas. 175 años después cuentan con dos obradores, uno tradicional y otro en una modernísima fábrica en las afueras de Tordesillas y dos tiendas físicas. Además de los polvorones tradicionales, que triunfan en México, son reconocidos por sus hojaldres, las palmeras se agotan y también los roscones de Reyes. En 15 días elaboran artesanalmente unos 3.500 y todos los empleados, ellos incluidos, detienen la producción para dedicarse al dulce regio. Les acaban de dar el premio al mejor Roscón de la provincia. La sexta generación ha introducido la tecnología pero también nuevos recursos, como los polvorones con aceite de oliva en vez de manteca de cerdo (hay países que no quieren cerdo).

Los jovenes que deciden quedarse y triunfar

Ambas empresas, Bodega Carmelo Rodero y Dulces El Toro de la confitería Galicia, se han unido para crear sinergias. Ambas, empresas punteras, fijan empleo en la España, que sin gente como ellos se despoblaría, generan riqueza y mantienen oficios que desaparecerían. Tanto las Rodero como los Galicia rondan los treinta años. Viven en su terruño y desde allí se mueven a todo el mundo y cuando regresan a Castilla no la cambiarían por ninguna metrópoli. Ponen en valor la riqueza de su tierra y lo mejor de todo, hacen un producto excelso que no admite comparación porque son únicos. Aquí la IA es la inteligencia de la tradición y la nube es la que está en el cielo del que viven porque el clima condiciona las cosechas, que es su algoritmo. Las nuevas generaciones de Carmelo Rodero y de dulces Galicia, eligen la calidad de vida de su tierra y modernizan las industrias. No van a pedales, al contrario, son modernos, sobradamente preparados y lo suficientemente inteligentes para crear algo único desde el origen.

Por más sinergias y menos burocracia. El campo es un sector primario vital y del que España cuenta con excelsas muestras.

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