Divorcio

02/12/2025

Josep M. Orta.

Goebbels ya dijo que una mentira repetida mil veces se convierte para el común de los ciudadanos en verdad y tengo la impresión que esto pasa con la intensa campaña de acoso y derribo que desde hace años el PP al actual gobierno, desde el mismo momento que Alberto Núñez Feijóo perdió las elecciones (y es evidente que gana unas elecciones quien logra formar gobierno).
La palabra “sanchismo” ha hecho fortuna y es evidente que con esta palabra la ultraderecha (el PP hace tiempo que ha abandonado el espacio de centro prisionero como está de VOX) y de la misma manera que un forofo siempre será de su equipo le vayan bien o mal las cosas ahora, parece que una parte significativa de la sociedad le ha comprado este discurso.
Es evidente que los socialistas tienen graves problemas, pero también que han tomado medidas inmediatamente mientras la colección de cargos del PP, e incluso el partido, que se ha visto implicado en estos escándalos los han tratado de solventar sin hacer sangre entre los implicados, empezando por los que habían ocupado cargos ministeriales.
En las numerosas comunidades autónomas gobernadas por VOX (aunque sea el PP quien ponga la cara) y en las que en teoría han acabado con el “sanchismo”, no se puede decir que la gestión de sus competencias haya sido especialmente brillante como para enamorar a sus ciudadanos. El escandaloso apoyo a Mazón por su gestión en la dana que asoló hace un año Valencia; el recorte del presupuesto para prevenir los incendios en Castilla y León; la bajada de impuestos que suponen graves recortes en la sanidad y educación pública para beneficiar al sector privado, lo que propicia un grave deterioro en la sanidad pública en muchas comunidades con el caso de las mamografías andaluzas como botón de muestra. Las facilidades que tienen los grandes inversores urbanísticos para propiciar pisos de lujo en deterioro de las viviendas sociales; el negacionismo del cambio climático para beneficiar a las grandes compañías eléctricas; la encarnizada lucha contra las comunidades que tienen idioma propio, en especial Catalunya, llegándose a inventar idiomas en detrimento de las comunidades científicas; la lucha ciega contra la inmigración sin tener en cuenta su papel en la mano de obra barata que tiene una importante contribución en el funcionamiento del país; las críticas al sistema de pensiones por incrementar cada año el aumento del IPC, que cuando ellos gobernaban, el aumento no llegaba al uno por ciento, o la puesta al día del salario mínimo interprofesional, sin olvidar los obstáculos que algunas comunidades pretender para que sus médicos practiquen abortos…
Millones de españoles comprueban que la economía va razonablemente bien, que los niveles de paro son de los más bajos de los últimos años, sin embargo, las encuestas apuntan que muchos españoles compran el discurso de una extrema derecha, cuando no fascista, imponiendo un divorcio entre la realidad y la percepción que a base de populismos parece que están calando en la sociedad.

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