El nuevo y tercer álbum de Lightning In a Twilight Hour, la frágil banda de Bobby Wratten, ha aparecido en estos días fríos para colorear y alumbrar las tardes de invierno. Su título, “Colours Yet To Be Named”, ya nos indica por dónde van los tiros, aunque nos despisten un poco las afinaciones experimentales, los chasquidos, las atmosferas crujientes y los arpegios rupturistas que, hasta el momento, no eran del todo marca de la casa.

Como es sabido, Bobby Wraten ha sido fundador, líder, compositor e instrumentista de grupos tan delicados como Field Mice; Northern Picture Library; Trembling Blue Star y el actual Lightning… Su música solía ser pausada, sigilosa, envolvente. En este álbum continúa habiendo mucho de esto y de aires inquietantes y fantasmagóricos, pero al mismo tiempo, Wratten se ha soltado la melena y ha optado por experimentar. Y no le queda nada mal. Juega un papel importante la habilidad como ingeniero de sonido de Ian Catt.
Eno y Durrutti Column
Las primeras canciones de este trabajo, “Red Comet” y “Fortress”, rememoran la magia de Eno y de Durrutti Column y son tan bonitas que no puedes dejar de escucharlas. Obstaculizan el paso a seguir avanzando en el álbum. Tras un esfuerzo para no entrar en bucle, “Inner Heat”, vuelve a traer reminiscencias enianas con una encantadora flauta y más voces, la de Wratten y las de Beth Arzy y Anne Mari Davies. Hacen que pienses que están con ellos, Cowboy Junkies y Galaxie 500.
“Addicere” es uno de los puntales del álbum. Acústicas sesenteras a la manera Love más Cat Stevens y la voz melancólica de Wratten. Le sigue otra joya, “Opaque Retreat” con un pequeño homenaje al ruido del vinilo usado y esa agridulce sensación que nos retrotrae a otros tiempos y otros lugares. En “Every Flame” hay algo de ritmo, flow, guiños al baile contenido y a la energía suavizada por la seda que despliegan las cuerdas vocales y los sonidos de Bobby.
Nieve silenciosa
“The No Sound of Falling Snow” es un título que me recuerda a alguno de los cuadros de Alfonso Picabia, trae percusión metálica y de desfile acompasado y seductor. “Graph Papper” convoca a Eno de nuevo con sintetizadores digitales y guitarras a lo Michael Brook. Y coros que homenajean a los de “Oh Superman” de Laurie Anderson en “Blue Trales”, otra de las gemas, que, hacia la mitad de la canción regala una acústica que te lleva a niveles orgásmicos y un cierre alargado, que pides no termine nunca. Pero sí, llega el final con “Folk Radio”, con una lluvia fina, unas guitarras y una voz de cristal y de ecos mágicos.

En definitiva, un álbum regido por la experimentación y la belleza tradicional del pop y sus genios. Y también regido por la delicadez, la finura, lo etéreo. Nos encontramos ante un artista, intérprete y compositor que añade a su faceta habitual, la innovación sensible. Algo habremos hecho bien la humanidad para que podamos disfrutar con artistas como este.
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