
Fotos oficiales de la Casa Real española
El rey Juan Carlos, en su casa de Abu Dhabi recibe todos los días a Laurence Debray. Durante dos años le va contando lo que quiere recordar en sus memorias. Lo hacen en francés y él lo corrige en ese idioma “mi lengua materna”. No deja que grabe las conversaciones. Cuando se publica Reconciliación, figura como autor Juan Carlos de Borbón con la colaboración de Laurence Debray.
El manuscrito original del rey español lo escriben en francés y tiene que ser traducido al español por dos traductoras; Elizabeth Burgos y Karin Taylhard.
Se lo dedica a su familia y expresamente a su hermano Alfonsito muerto, cuando jugaban ambos, por un disparo accidental. A su nuera, doña Letizia Ortiz, no parece dedicárselo porque no la menciona.
“Mi hijo me ha dado la espalda y mis supuestos amigos han desaparecido,” se queja.
Nació sietemesino, en el exilio de Roma y zurdo, una característica que quisieron corregir, de ahí su letra difícil. A lo que se sumaba ser disléxico y no buen estudiante.
Afirma que su hermana, la infanta Margarita, domina ocho idiomas y que la música y el piano se le daban muy bien.
Su madre introdujo, en el exilio portugués, la caza de la liebre y del zorro y era una destacada cazadora. Y como en Portugal se refugiaron muchos reyes destronados, Juanito jugaba con los hijos del rey de Italia, con los de Rumanía, también con los Braganza, los Habsburgo o con los del conde de París que eran muchísimos y, en particular, con una de las hijas menores, Helen, de la que estaba enamorado. De hecho, en recuerdo de aquel amor imposible, le puso a su primogénita Elena.
No le gusta el puré de patatas, pero sí los animales. Tenía siete perros en el palacio de La Zarzuela y también tuvo dos guepardos. Uno murió de indigestión de pájaros y el otro, lo envío al Zoo de Madrid cuando el guepardo se lanzó a por su hijo Felipe que paseaba en su kart. En Abu Dhabi vive con un loro blanco que tiene la cresta con los colores de la bandera española.
Lleva en su cuerpo veinte operaciones, la ultima en Abu Dhabi, al poco de instalarse allí, para remplazar prótesis de rodilla, que le producía muchísimo dolor e, incluso, permanecer en silla de ruedas.
Hizo un retiro en el desierto en el que recordó su vida y es cuando decide escribir otras memorias, que se unen a las dos ya publicadas anteriormente.
“Me siento relegado” y reconoce que su hijo, Felipe VI, está decepcionado con él.
Con 37 años asume la jefatura del Estado por decisión de Franco, que le nombra heredero a título de rey y jura los principios del Movimiento Nacional.
Cuando abdica, reconoce que se lo pasó “en grande” aceptando invitaciones alrededor del mundo e incluso en 2016 pasó 210 días fuera de España.

Noviazgo, boda y nacimiento de la primogénita
En la página 41 se refiere a doña Sofia como reina Emérita, un concepto que ella deplora y que ambos tratan de evitar. Además de dedicarle todo tipo de loas e insistir en su abnegación, servicio y profesionalidad por España, algo que reconoce que a “Sofi” no le gusta.
Ahora sabemos por Emérito (página 79) que su hijo le obliga a firmar en 2022 una carta por la que renuncia a dormir en su casa, La Zarzuela, en sus futuras visitas a España.

Momento de la abdicación en su hijo Felipe
Después de 654 días exiliado fuera de España, pone el pie en el aeropuerto de Vigo. Allí su hija Elena le esperaba y juntos lloraron al abrazarse. Previamente, los controladores aéreos catalanes le dieron la bienvenida a España, cuando entró en el espacio aéreo español.
Culpa a la Casa Real de haber sido la culpable del enorme revuelo que se organizó en Sanxenxo, “fueron ellos los que comunicaron todos los datos”. Después de unas jornadas de navegación y un baño de multitudes juancarlistas, voló en avión privado a Madrid, para reunirse durante una tensa hora con su hijo en Zarzuela, comer y regresar a continuación a Abu Dhabi porque, en la que fue su casa, no tiene autorizado pernoctar.
Justifica que aceptar regalos como Ferraris o 100 millones de dólares son formas de cortesía por 40 años de amistad (pagina 62), y no declararlos y que se encuentren en su cuenta bancaria de Suiza es una anomalía de la que él parece estar por encima. Dice que esos dineros no declarados en España, le venían muy bien, “me habían venido muy bien para atender las necesidades de mi esposa Sofi, de sus hijas y mis seis nietos, que ahora están excluidos de la familia real” y también para no tener “que preocuparme por mi jubilación”.
Reconoce que le cegó “un entorno malintencionado”, y que confió “en empresarios que se aprovecharon” de él y a continuación, se mete con la Ley de Memoria Histórica porque él defiende que hay que perdonar. Era el rey el que ocupaba la Jefatura del Estado de España, durante casi 40 años, pero le engañaron, le estafaron…
En varios momentos manifiesta opiniones políticas, lo que hasta la fecha era impensable, dado que su imparcialidad es tal, que no votan en las elecciones. También se pregunta por la continuidad de la monarquía, parece dudarlo.
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