La hoguera de las falsedades

17/12/2025

José Mª Triper.

No defraudó Pedro Sánchez en su discurso adelantado para hacer balance del año que, para él terminó siendo un annus horribilis, pleno de denuncias, investigaciones, procesamientos y encarcelamientos por presuntos delitos de corrupción y abusos sexuales en su entorno familiar, en su gobierno y su partido. Pero eso a él ni le interesa, ni le importa a tenor del nulo, o casi nulo, espacio que les dedicó en su comparecencia.

Un discurso farragoso, abúlico de casi una hora de duración que puede ser calificado como una antología de cinismo, demagogias, autobombo y falsedades más propio de un narcisista, totalitario y sin sentido del Estado que de un gobernante democrático, aderezado con algún bostezo y gestos de escasa educación y compostura, ante las interpelaciones de los informadores a los que sólo permitió cuatro preguntas.

Una intervención en la que ni siquiera intento disimular su desprecio hacia los medios de comunicación, hacia sus socios de investidura, negando cualquier remodelación o arrepentimiento personal y en su gobierno. Desprecio a su propio partido, a la democracia y a la sociedad española en su totalidad reafirmando su intención de agotar una legislatura muerta y seguir en La Moncloa sin Presupuestos, sin el Parlamento, enfangado y humillado ante el chantaje permanente de los independentistas, filoterroristas y enemigos de España que, como los puigdemones no han tenido reparo en anunciar que van a aprovechar la debilidad de Sánchez para seguir arrancándole privilegios y prebendas.

El anuncio de convertir a Cataluña y el País Vasco sujetos de derecho internacional haciéndoles miembros de la UNESCO y de la Organización Mundial de Turismo (OMT) son un indicador de por donde va la intención de un todavía presidente que, además, volvió a presentarse como el discípulo aventajado de Houdini en el arte del escapismo, utilizando el ilusionismo habitual de unos indicadores macroeconómicos dopados, maquillados y que nada tienen que ver con la realidad económica y social de un país empobrecido e inmerso en eso que los economistas definen como recesión encubierta.

Un país donde el IX Informe de Cáritas sobre exclusión social muestras como desde la llegada de Sánchez al gobierno los ciudadanos y las familias son más pobres, con mayor desigualdad y una exclusión social disparada y en aumento.

En España hoy viven 4,3 millones de personas en situación de exclusión severa, un tercio de las cuales, 1,4 millones, son niños, revela el informe, que afirma categóricamente que «la clase media española se está deteriorando, llevando a muchas personas a los estratos más bajos. Toda una muestra de dejación e ineficacia en un país donde el PIB per cápita, indicador que introduce el factor población en la ecuación y mide la riqueza por habitante, está en 32. 630 euros por habitante, un 25% por debajo de los 43.310 euros por habitante de media en la eurozona, con datos de la oficina estadística de la Comisión Europea, Eurostat. Son 10.680 euros de diferencia que evidencian un problema de productividad que empobrece a la población y que nos sitúa en el furgón de cola de la Unión Europea y de la OCDE en crecimiento real de la prosperidad de sus habitantes.

Un país que sigue liderando el desempleo de la UE con 3,7 millones de personas registradas que no están trabajando, donde el salario más habitual es de 15.775 euros brutos anuales y donde hay 12, 7 millones de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social. Donde la cesta de la compra ha subido un 40% desde 2020 por lo que nuestro poder adquisitivo es hoy un 4,7% inferior a la media de la UE y la capacidad de compra de los hogares españoles un 5,6% inferior a la de 2008, con un esfuerzo fiscal un 17,8% superior a la media de nuestros socios europeos.

Todo ello con una deuda pública que ha marcado un nuevo récord en el tercer trimestre de este alcanzando 1,71 billones de euros y un crecimiento superior a 18.400 millones en tres meses. Pero esto a Sánchez ni le preocupa ni le ocupa.

Y mientras, también estos días, nos hemos enterado de que el primer ministro de Bulgaria, Rosen Zhelyazkov ha presentado la dimisión de su gobierno después de las protestas en todo el país por las acusaciones de corrupción generalizada. ¿Les suena el caso? «Escuchamos la voz de los ciudadanos, debemos estar a la altura de las exigencias” afirmó Zhelyazkov. Pues Pedro Sánchez ya tiene el espejo en que mirarse. Claro que la diferencia es que el búlgaro es y se comporta como un demócrata y antepone los intereses del país a los personales, de partido y familiares. Y con Pedro esos principios ni están ni se les esperan.

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