La escalada de los ciberataques está poniendo en alerta a empresas de todos los sectores. El riesgo de sufrir una brecha de seguridad es ya una constante en el día a día corporativo: solo en el último año, los incidentes han aumentado un 20% según datos de DarkData, la startup española de ciberinteligencia pionera en Europa en la resolución de ataques de ransomware.

Foto: DARKDATA
El impacto económico es especialmente significativo para las pymes. Cuando un ataque paraliza parcial o totalmente la actividad, las pérdidas pueden situarse entre el 10 % y el 20 % de su facturación anual, incluyendo el daño reputacional, muchas veces más difícil de calcular y con consecuencias que pueden comprometer la continuidad del negocio. En las grandes compañías, aunque el porcentaje de facturación afectada es menor, entre el 3 % y el 5 %, los daños pueden ser igualmente críticos, especialmente en situaciones de robo masivo de información confidencial.
La paralización operativa tras una brecha suele durar entre 20 y 40 días, generando un impacto directo en la actividad de la empresa, en su facturación y en su reputación. En muchos casos, las organizaciones no detectan el ataque hasta que ya se ha materializado, lo que refuerza la importancia de contar con sistemas de detección temprana, equipos especializados y herramientas de ciberinteligencia que permitan anticiparse a posibles amenazas.
Errores humanos: el talón de Aquiles de la ciberseguridad
Detrás de la mayoría de los incidentes se encuentran errores humanos. Entre los más frecuentes destacan los fallos de phishing y de ingeniería social, donde los empleados pueden caer en correos, mensajes o llamadas fraudulentas, haciendo clic en enlaces maliciosos, descargando archivos infectados o entregando credenciales en páginas falsas. La gestión negligente de contraseñas también facilita accesos no autorizados: usar contraseñas débiles o repetidas, compartir credenciales o no actualizarlas tras una brecha son errores habituales.
La diferencia entre un susto y un desastre está en la preparación.
Para Martín Brea, COO y cofundador de DarkData, la tendencia es clara: “Cada vez vemos ataques más dirigidos y sofisticados, donde los ciberdelincuentes aprovechan pequeñas vulnerabilidades humanas o tecnológicas”, y advierte: “la diferencia entre una brecha contenida y un desastre empresarial depende de la preparación: la inversión en prevención y la conciencia de los empleados no solo protege datos, sino que también salva semanas de recuperación y protege la confianza de clientes y socios”.
La preparación también pasa por anticiparse, y aquí la ciberinteligencia juega un papel decisivo. Los servicios de Cyber Threat Intelligence permiten a las empresas pasar de una defensa reactiva a una defensa proactiva, identificando con antelación qué amenazas están activas, qué vulnerabilidades podrían explotarse y si existen credenciales filtradas, activos expuestos o información interna circulando en la dark web. Este enfoque ayuda a priorizar recursos, detectar proveedores comprometidos, conocer las tácticas de los ciberdelincuentes y recibir alertas tempranas de campañas de ransomware, phishing o malware específicamente dirigidas al sector o región. Incorporar esta visión estratégica permite reducir el riesgo real y evitar ataques que de otro modo pasarían desapercibidos.
Para reducir estos riesgos, DarkData recomienda reforzar la formación interna, mantener controles de seguridad actualizados, realizar copias de seguridad periódicas, implementar sistemas de acceso robustos (como la verificación en dos pasos) y revisar permisos y credenciales con regularidad.
Un aliado para reducir pérdidas y acelerar la recuperación
Fundada en 2021, DarkData ha intervenido en más de 500 empresas afectadas por ciberataques. Sus servicios de detección y prevención activa permiten reducir hasta un 70 % las pérdidas en incidentes ya materializados y evitar por completo los ataques en organizaciones protegidas. La combinación de recuperación rápida, prevención activa y conocimiento de amenazas gracias a la ciberinteligencia permite a las empresas protegerse de futuros ataques de manera estratégica.
Además, el tiempo medio de recuperación tras un ataque gestionado por la compañía es de solo cinco días, frente a semanas o incluso meses que puede llevar restaurar la actividad sin apoyo profesional.
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