Casi setenta mil chinos celebran en Barcelona el año del dragón

23/01/2012

Josep M. Orta. La celebración del año del dragón llegó a Cataluña, muchos restaurantes celebraron la llegada del nuevo año mientras un pasacalles en Las Ramblas sorprendió a los viandantes. El propio Artur Mas se reunió con la colonia asiática en una cena benéfica para celebrar el acontecimiento.

Desde el día 23 hasta el 9 de febrero la numerosa colonia china en Cataluña –casi setenta mil  personas- celebra la entrada en su año nuevo, el año del dragón. No es casualidad que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, se sumara a la celebración asistiendo a una cena benéfica para celebrar el acontecimiento. No en vano es el sector económico más activo y es casi el único que abre mercados. Por ello el president aseguró en este acto que “Cataluña quiere ser amiga de China”, al tiempo que desde la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona buscan por todos los medios potenciar las grandes inversiones chinas en la ciudad.

Aparte de las inversiones de las grandes empresas chinas, lo que el día a día de la ciudad nota es el incremento de pequeños comerciantes. Unos cinco mil chinos son autónomos y regentan negocios familiares. En tiempos de crisis, casi los únicos comercios que abren son de personas de esta nacionalidad. Si primero fueron los restaurantes y el textil, además de los bazares, ahora ya están introduciendo en bares típicamente catalanes, peluquerías, zapaterías… Incluso hay barrios en que los anuncios obligatoriamente bilingües son en chino mandarín y catalán, mientras poseen grandes naves industriales en polígonos como Badalona Sur o la céntrica calle Trafalgar de Barcelona.

Según un estudio de la Universitat  Autónoma de Barcelona, la colonia china tiene una estructura cerradamente familiar; trabajan todos en el negocio, para que posteriormente, una vez realizado el aprendizaje, los más jóvenes lo expandan creando nuevas empresas. Asimismo surge el factor “llamada” asegurando que Cataluña es un país de oportunidades. Ello, a diferencia de lo que sucede con emigrantes de otros países, hace que vengan gente para trabajar en lo que les salga –preferentemente en comercios chinos- hasta lograr la mínima capitalización para volar solos y fundar su propia empresa. Si inicialmente la penetración de la migración china en la vida catalana se limitaba a restaurantes, después se extendió a los bazares del “todo a cien” para posteriormente dar el salto a industrias más importantes, como puede ser la electrónica. Además han  extendido su actividad por todo el territorio.

Su presencia, que acostumbra a crear escasos problemas de orden público, sí que produce resquemor en el pequeño comercio del barrio, donde no pueden competir ni con horarios ni con precios.

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