El gafe y los apandadores

04/02/2026

José Mª Triper.

De los gafes dicen como de las brujas, que no existen; pero haberlos, haylos. Y sin querer conceptualizar a nadie, díganme si no es para creer en cenizos cuando vemos que desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, las calamidades se suceden implacables e imparables sobre España en forma de pandemia sanitaria por el Covid, la borrasca Filomena, el volcán de la isla de La Palma, riadas devastadoras, la Dana de Valencia, la mayor oleada de incendios de la historia el último verano, ahora la catástrofe de Adamuz, como colofón del creciente caos ferroviario y ahora la interminable sucesión borrascas que están asolando gran parte del territorio nacional.

El mismo Sánchez que ahora pacta con Bildu para sacar a ETA de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea traicionando la memoria de los más de 850 asesinados por la banda criminal por defender la democracia y la libertad, muchos de ellos militantes y dirigentes socialistas

Gafes, mal fario, probablemente, pero acompañados también de mala gestión, incompetencia, desidia, ineptitud y prevalencia del fanatismo ideológico sobre la sensatez, el conocimiento y la razón, además de desvío de los recursos públicos para presuntas corrupciones y el pago de favores políticos a amigos y socios con puestos de responsabilidad sin tener la preparación, la capacidad y los conocimientos necesarios para el cargo.

Y si de los desastres naturales o inducidos  pasamos al melodrama de la economía, los gafes y las incapacidades de  gestión se plasman en un país donde el 20% de los trabajadores, dos de cada cinco, no pueden tomarse vacaciones por motivos económicos, donde hay 12,7 millones de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social, que lidera el desempleo y la pobreza infantil de la Unión Europea, con un aumento de la fiscalidad abusiva, el precio de la vivienda en máximos históricos, total ausencia de compromiso con las reformas estructurales y una creciente inestabilidad política falta de seguridad jurídica que ahuyentan la inversión y la creación de empleo.

Y con todo este cúmulo de desventuras todavía se nos obliga a aguantar las bufonadas y la fatuidad de ministros como el “bello” Óscar Puente y su insensibilidad, arrogancia, falta de empatía y de vergüenza cuando se atreve a afirmar en el Senado que puede “mirar a los ojos a las víctimas” y que lo está haciendo “muy bien”, para acudir posteriormente al Congreso a culpar de la catástrofe ferroviaria al cambio climático y al gobierno de Mariano Rajoy, olvidando que ellos llevan ocho años de desgobierno en La Moncloa y batiendo cada año todos los máximos históricos de recaudación impositiva. ¿A dónde va nuestro dinero, además de a pagar comisiones, financiaciones políticas y a colocar prostitutas y queridas en empresas públicas?

Un ministro que dedicó más de las tres cuartas partes de su comparecencia en sede parlamentaria a pedir disculpas por los múltiples retrasos e incidencias de las Rodalies en Cataluña para rendir pleitesía a Salvador Illa y a sus socios independentistas que están poniendo precio a su cabeza, y que fue incapaz de pedir perdón y asumir responsabilidades por los 46 muertos en Andalucía.

Y un ministro que empieza a oler a zombi político y aspirante a defenestrado, teniendo en cuenta los precedentes de un Pedro Sánchez que utiliza a sus más estrechos colaboradores como kleenex de usar y tirar en cuanto dejan de servirle o su presencia le perjudica en sus intereses y ambiciones.

Dice sabiamente el refranero que “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”  y Óscar Puente haría bien a poner las suyas a remojar y a prepararse para añadir su nombre a la lista de Koldo, Ábalos, Cerdán, y otros presuntos apandadores, que siembran el campo de los caídos del sanchismo. Torres más altas cayeron, que reza también el refranero.

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