Adiós al viejo orden, ¿y ahora qué?

15/02/2026

Josep M. Orta.

Es una evidencia, pero nadie se atrevía a explicitarlo. Ha tenido que ser el canciller alemán Friedrich Merz, quien en el discurso inaugural de la Conferencia de Seguridad de Múnich explicitó con realismo el acta de defunción. “El orden internacional basado en normas ya no existe” aseguró.
Desde que el pintoresco Donald Trump estrenó su segundo mandato lo ha puesto todo patas arriba y se ha cargado el sistema que se estructuró tras la Segunda Guerra Mundial. Empezando por la ONU que ha dejado de ser operativa, pasando por la OTAN que ha dejado de ser un sistema de autoprotección de sus miembros, siguiendo por la diplomacia como arma para evitar conflictos, las relaciones comerciales, el sistema judicial de los tribunales internacionales e incluso violar las leyes de su propio país, Intenta que las relaciones entre los países del área occidental se sometan a los designios del mandatario norteamericano.
Hay acontecimientos en la historia que propiciaron profundos y radicales cambios. El más notorio fue la revolución francesa que quitó el poder a la monarquía para darlo a una burguesía emprendedora. El otro gran cambio de diseño en la esfera internacional surgió tras la Segunda Guerra Mundial que, con Guerra Fría por en medio, el mundo se establecieron una serie de instituciones que tenían que diseñaron un nuevo orden.
Ahora los dirigentes norteamericanos pretenden imponer un nuevo orden, el problema es que en situaciones anteriores el entierro de las viejas estructuras tenía una salida clara mientras que ahora el romper con el antiguo régimen parece que es un salto al vacío máxime teniendo en cuenta lo cambiantes que son las propuestas del inquilino de la Casa Blanca.
 Si alguna virtud tiene Trump es la facilidad con que sorprende al mundo con sus iniciativas y la inestabilidad de sus propuestas. No está claro qué nuevas reglas de juego pretende imponer en este nuevo orden que parece propugnar, más bien transmite la sensación que nos propone a golpe de timón un salto al vacío después de deslegitimar unas instituciones que ha contribuido en hacerlas obsoletas.
PD.  Un recuerdo emocionado a Carlos Hernández. Un gran periodista, un mejor compañero, un buen amigo y, sobre todo, una gran persona

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