Felipe González, Alfonso Guerra, Carlos Solchaga, Gregorio Peces-Barba, Ernest Lluch, Alfredo Pérez Rubalcaba, Manuel Marín, Fernando Morán, Javier Lambán, Ramón Jauregui, Nicolás Redondo Terreros, Joaquín Leguina …
Dice con nostalgia el refranero eso de que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Y comparando estos nombres egregios y tantos otros protagonistas de la historia más brillante del PSOE con los actuales mandatarios del hoy partido sanchista, antes obrero y socialista, tenemos que reconocer que, en este caso, el pasado no sólo fue mejor para el socialismo y para España, sino infinitamente mejor, en categoría, calidad, prestigio, dignidad, sentido de Estado y en gestión.
Personajes como Óscar Puente, María Jesús Montero, Albares, Félix Bolaños, Grande-Marlaska, Pilar Alegría, Yolanda Díaz, Patxi López o Isabel Rodríguez cuyo principal mérito y currículum es el servilismo incondicional al jefe supremo y que como el jefe supremo sólo están y se dedican a la propaganda mientras desprecian la gestión para la que muchos no están capacitados y a otros ni les interesa ni les dejan.
Y con ellos el subordinado y perdedor Óscar López cuyas declaraciones aún sin rectificar responsabilizando a compañero ya fallecido que no puede defenderse, el citado Lambán, sólo puede calificarse de miserables y mezquinas, O el sumiso Ángel Víctor Torres y la anodina Rebeca Torró que han tenido la desfachatez de invitar a Felipe González a que abandone un partido que él transformó, engrandeció y homologó con el resto de las socialdemocracias europeas y que hoy ha dejado de ser socialista, obrero y español para trabajar única y exclusivamente para la mayor gloria de Sánchez
Lista que se puede completar con los procesados como José Luis Ábalos, investigados como Santos Cerdán, o señalados como Paco Salazar, Borja Cabezón y además de con una larga lista de ministros tan desconocidos como inoperantes, estómagos agradecidos y enchufados en empresas públicas son hoy los que rodean a un Pedro Sánchez, especialista en hacerse fotos con lo sindicatos y anunciar medidas que nunca cumple como las promesas de viviendas y que ha convertido al PSOE en una secta de asalto al Estado y a la democracia, dedicada única y exclusivamente a su servicio, al culto personal y para su único y exclusivo beneficio.
Decía el que fuera ministro de Economía y brillante parlamentario Carlos Solchaga, en una memorable entrevista en Vanity Fair que la diferencia entre Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero era que González se rodeaba de gentes que sabían más que él, mientras que Zapatero se rodeaba de secretarias. Pues retomando esta premisa hoy podríamos decir que si Zapatero se rodeaba de secretarias, Sánchez se rodea de lacayos.
Felpudos como el cocinero Tezanos, cuya manipulación política del CIS es una clara muestra de corrupción institucional y posible malversación de fondos públicos, con unos sondeos manipulados, carentes de toda credibilidad, contrarios a la lógica y al resto de los sondeos de todos los institutos de opinión independientes, que fracasan elección tras elección y que de ser fiables no se entiende como Sánchez no convoca elecciones generales con urgencia.
Felipe González, para muchos socialistas sinceros “Dios”, que es como coloquialmente le apodaban entonces sus colaboradores, y como él todos aquellos socialistas del felipismo y de la Transición eran demócratas convencidos y sinceros, estadistas, con capacidad demostrada de servicio y de gestión, y brillantes profesionales en sus respectivos ámbitos que, en algún caso y como en el resto de los partidos del régimen del 78, perdieron dinero para dedicarse a la política y a España. Mientras que hoy, salvo raras excepciones, los miembros de la lanar bancada socialista y en los partidos de la Frankestein, son gentes que tienen que aferrarse al cargo y al escaño porque fuera tienen muy difícil donde ir y vivir desahogadamente a costa de los impuestos de los españoles. Para ellos la política no es una vocación ni una devoción sino una forma de supervivencia económica y social y es por ahí por donde parece que empiezan a agrietarse los cimientos del sanchismo, con tensiones internas y cuestionamiento del hasta ahora líder carismático tras lo descalabros de Extremadura y Aragón y los que se avecinan a nivel autonómico, municipal y nacional.
Como afirmaba recientemente el propio Felipe González, si hoy hay en el PSOE un “puto amo” -así definió Óscar Puente al todavía presidente- es porque hay también muchos “putos siervos”. Palabra de Dios.
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