El presidente estadounidense se está especializando en abrir nuevos frentes sin cerrar ninguno. No sólo tiene que atender los conflictos actuales, sino que además ya tiene una lista de las acciones que emprenderá en un futuro próximo, por ejemplo intervenir en Cuba, después de haberlo hecho en Venezuela donde ha reconvertido a los denostados chavistas en sus fieles servidores con el único cambio significativo de la gestión del petróleo.
Sus promesas pacificadoras de acabar en días los conflictos de Ucrania y palestina se está saldando con miles de muertos y sin que nada haga prever una solución, antes al contrario ha extendido sus bélicas intenciones en Irán amplificando el conflicto en todo el Oriente Medio con serias repercusiones en los países del resto del mundo y amenazando a los que no apoyan su obsesión belicista con fuertes sanciones.
Trump se olvida que la intervención de su poderoso ejército en conflictos internacionales en los que ha participado no ha sido especialmente brillante, desde Vietnam sólo coleccionan derrotas y miles de muertos.
Lo que sí ha conseguido el presidente norteamericano es desestabilizar el mundo empezando por su propio país, donde se ha pasado por el forro las atribuciones que tienen las cámaras legislativas y propiciando una justicia a su medida, incluso se ha atrevido a sacar el ejército a la calle con el pretexto de combatir la inmigración, saltándose una vez más su propia Constitución.
En el marco internacional, con la excepción de Putin y Netanyahu, sólo ha conseguido enemigos, empezando por su intención de anexionarse Groenlandia y Canadá hasta su guerra de aranceles que le ha enfrentado a medio mundo, especialmente a la Unión Europea. Además, se ha cargado el papel de las Naciones Unidas. Lo que si ha conseguido es que los países europeos aumenten considerablemente su aportación a la OTAN.
Pero lo importante para Donald Trump es el relato y vanagloriarse de sus supuestos éxitos, pero sus amenazas y sus ocurrencias empiezan a no tener los efectos que pretendía su enorme egolatría, sus falsas promesas y su popularidad tanto en su país como en el mundo está cayendo en picado, por mucho que sus portavoces alardeen de sus logros.
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