Nos hablan siempre de las generaciones más preparadas, de lo importante que es la formación, pero nuestros políticos no dan la talla. Si se mira por las cancillerías de toda Europa, o del mundo entero, muy pocos se salvan. Estamos rodeados de mediocres, gente ávida de poder, pero sin sentido de Estado, ni respeto a los mínimos derechos humanos, ni solidarios, ni nada de nada. Con la llegada de Donald Trump a dirigir la primera potencia del mundo (según dice él, los chinos tendrían mucho que decir, pero son los más prudentes), lo que estas generaciones entendemos por democracia, respeto a unas reglas consensuadas por todos, tener principios como personas… todo, todo ha saltado por los aires.
Trump quiere dirigir el mundo como si fuera una guardería. Ha dividido el mundo entre buenos (los que se arrodillan y postran ante él) y malos, los que se oponen a sus políticas de ida y vuelta, a todos sus sinsentidos carentes de estrategia y agrandando errores por malos consejeros. Trump dirige el mundo, al menos eso quiere, amedrentando, ofuscado en sus errores, dándoles por válidos, porque él nunca se equivoca… somos los demás que no le hacemos caso y por eso fracasan sus medidas.
Este octogenario (en junio cumplirá 80 años), con el título de bachiller en economía, que creó un imperio inmobiliario y se dio conocer a través de un show televisivo, es el que quiere gobernar el mundo, echando de su país a los que con su trabajo callado y mal pagado contribuyeron a hacer América más grande. Con encerronas políticas a presidentes de Gobierno, insultando a quienes no aplauden sus locuras y rechazan sus últimas piruetas en Irán y el estrecho de Ormuz… y todo por hacer caso a un genocida llamado Benjamin Netanyahu, con 77 años, y que por eludir un proceso judicial por corrupción ha puesto a Oriente Medio patas arriba para cambiar mapas, fronteras y sobre todo la posesión del petróleo y demás cosas de valor. Trump, de paso, se deja querer, con el objetivo de arrinconar a China, su enemigo económico.
El presidente de Estados Unidos, el 47º, ha abierto la Casa Blanca a hambrientos de poder, muchos multimillonarios que no tienen nada que perder, y que han decidido que con Trump todavía van a aumentar más su patrimonio. Trump ha metido la pata atacando a Irán, sobre todo porque ha desmantelado todo el aparato del Estado creado para defenderse de los terroristas desde el 11S (ese fue el trabajo de Elon Musk). Se ha equivocado, pensando que iba a ser un paseo triunfal, desconociendo algo tan básico como es el mundo árabe y la defensa que hacen de su tierra, políticas y religión. Se ha equivocado por declarar una guerra sin decírselo a nadie, y ahora que ve su fracaso y que la guerra no tiene visos de terminar, amenaza a los miembros de la OTAN con represalias si no le apoyan en sus equivocaciones. Por pedir ayuda, hasta ha pedido a China que intervenga. Mientras, el precio del petróleo disparado.
¡La que ha liado por ignorancia, prepotencia y estar mal asesorado! Y ya que él nos trata como si estuviéramos en la guardería y él se ha convertido en el matón a quien todo el mundo teme, deberíamos decirle al unísono: «Trump estás siendo muy malo, castigado de cara a la pared». Y luego «expulsado».
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