El BCE sube los tipos por primera vez desde septiembre de 2023 al situarlos en el 2,25%

12/06/2026

M. Vázquez del Río. El FMI recorta al 0,9% el crecimiento de la eurozona en 2026, y advierte de que una mayor flexibilización de las normas fiscales "podría socavar la credibilidad del marco y elevar aún más la deuda".

Todo el mundo económico lo daba por seguro. El Banco Central Europeo (BCE) ha subido los tipos de interés un 0,25%, hasta situarlos en el 2,25%. Es la primera subida que realiza el Consejo de Gobierno del precio del dinero en Europa desde octubre de 2024, mientras la tasa de las operaciones de refinanciación quedan situadas en el 2,40% y la tasa de facilidad marginal de préstamo se eleva al 2,65%. El motivo no es otro que los efectos de la guerra en Oriente Próximo, que «está generando presiones inflacionistas y la decisión de aumentar los tipos de interés es adecuada en los diferentes escenarios que analizan la posible evolución de la perturbación y su impacto en las perspectivas a medio plazo para la zona del euro», según ha explicado la institución.

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Las presiones inflacionistas se han traducido en que en mayo la inflación alcanzó el 3,2%, su valor más elevado de los últimos tres años, por lo que con el incremento del precio del dinero, el BCE busca mantener «una buena posición» para navegar a través de la incertidumbre causada por la guerra. Y aunque no adelanta si habrá más subidas, sí que explica que su política monetaria, reunión tras reunión, dependerá de los datos que se registren.

La presión inflacionista a la que se refiere el BCE viene determinada por el precio de la energía, y todo parece indicar que llevará tiempo alcanzar un acuerdo que pacifique Oriente Próximo, y con ello llegue la tranquilidad a los mercados con la estabilidad del precio del barril de petróleo, que desde que Estados Unidos atacó Irán no ha parado de estar a los albur de los vaivenes de la guerra. De momento, el conflicto bélico se está alargando y la situación en el estrecho de Ormuz se agrava, lo que hace prever nuevas subidas del petróleo, y que comiencen a trasladarse al resto de los productos que se tienen en cuenta para medir la inflación. Lo que está por despejar, también, es si esa subida de la inflación se trasladará a los salarios o, como en anteriores crisis, estos perderán poder adquisitivo.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha puesto el énfasis, tras la reunión del Consejo de Gobierno, que la subida adoptada este jueves es «no preventiva, sino una acción necesaria, pese al temor que el encarecimiento del precio del dinero pueda impactar en el crecimiento económico. Por si quedara alguna duda, Lagarde ha recordado que el objetivo del BCE es garantizar la estabilidad de los precios, y «cada uno tiene que hacer lo que le corresponde», subrayó. No en vano, la decisión de la subida fue adoptada por unanimidad «y sin reservas» por parte de los consejeros del BCE, ya que se ha tenido en cuenta la crisis energética registrada desde el pasado mes de marzo, y que no se ve que vaya a producirse una solución rápida.

La situación bélica ha obligado al BCE a actualizar los escenarios adverso y  severo de previsiones, al que se suma un escenario más moderado. La entidad que preside Lagarde estima que el crecimiento en la Eurozona será del 0,8% en 2026, una décima menos de lo previsto el pasado mes de marzo. Y para 2027, el crecimiento será del 1,2%, una décima menos también. En 2028, la economía crecerá al 1,5%, una décima más.

Pese a esta moderación, lo cierto es que la subida de los tipos de este jueves pone fin a la estabilidad que mantuvo en el 2% los tipos durante los últimos doce meses. Pero las previsiones sobre la evolución de la inflación dejan de ser moderadas ya que suben del 2,6% al 3%, dando por seguro que el incremento de los precios de la energía terminarán elevando el precio de los alimentos de los bienes y de los servicios.

A falta de referencias, de momento, los salarios no están incrementándose para elevar la presión sobre la inflación. Pero la extensión de la guerra en el tiempo llevará a tener en cuenta que los sindicatos comenzarán a reclamar que no se pierda poder adquisitivo.

Por lo que respecta a  2027, las previsiones son peores. La inflación subirá del 2% al 2,3% y volverá a recuperar el objetivo del 2% en 2028. Aunque todo dependerá de la situación internacional y que se terminen las guerras.

Con estos datos en la mano, el BCE explica que  su decisión se basa en «un impacto más pronunciado de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza”. En general, se verán afectados múltiples sectores, el consumo se retraerá y se incrementará el ahorro preventivo. Lo que sí Lagarde descartó es que la recesión esté en las previsiones del BCE, porque el consumo seguirá siendo el motor de la economía europea.

El BCE parece haber aprendido de la guerra entre Rusia y Ucrania, descartando que la inflación vaya a superar el 10%. Los analistas solo esperan que el BCE realice otra subida en lo que resta de año, después del verano. Incluso del FMI también ha adelantado este jueves que habrá más subidas de los tipos de interés por parte del BCE.

El Euríbor ya roza el 3% en tasa diaria

Mientras el BCE había optado por la prudencia hasta ahora, el Euríbor ya había alcanzo el pasado mes de mayo su valor más alto de los últimos 20 meses, al rozar el 3% en tasa diaria. Este aumento ha comenzado a trasladarse a las cuotas de las hipotecas a tipo variable de abril y mayo.

Los peores escenarios previstos por el BCE estiman en el «severo» un precio del barril de petróleo de 166 dólares (frente a los 92 dólares en que cotizaba este jueves) y el gas subirá hasta los 98 euros, frente a los 50 euros actuales. Con ello, la inflación escalaría al  6,3% en 2027, mientras el crecimiento del PIB rozará la recesión.

El BCE considera que este escenario es «improbable», aunque algunas rúbricas comienzas a despegar más de lo deseado como la del sector servicios que ha pasado del 3% al 3,5%. Los alimentos seguirán su estela.

El FMI también empeora sus previsiones sobre el crecimiento económico

Este jueves también el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revisado a la baja sus previsiones sobre el crecimiento de la Eurozona, al situarlo en el 0,9%, dos decimas menos que lo previsto antiormente. No obstante, mantiene el 1,2% de 2027.

Desde el FMi «se prevé que la guerra en Oriente Próximo represente una importante, aunque temporal, perturbación adversa», en su informe anual ‘Artículo IV’ sobre la economía de la zona euro, recalcando que habrá un menor ritmo de crecimiento y una mayor inflación.

En cuanto a la inflación, el FMI la eleva al 2,8% para 2026, dos décimas más; y al 2,3% en 2027, una décima más. Pero si la situación bélica se agrava, los precios podrían subir bastante más, sin descartar un debilitamiento de la demanda y un mayor estrés financiero. En este escenario, aconseja el organismo internacional, los gobiernos deberán adoptar reformas estructurales que favorezcan el crecimiento a medio plazo.

«La prioridad inmediata es mantener ancladas las expectativas de inflación y amortiguar el impacto de la crisis dentro del margen fiscal disponible», explica el FMI, para el que las experiencias recientes han puesto de manifiesto la urgencia de abordar la dependencia energética externa y la exposición a interrupciones en el suministro externo, así como la limitada capacidad de Europa para gestionar conjuntamente las crisis.

Habrá más subidas de tipos

En cuanto a la política monetaria, el FMI considera necesario aumentar los tipos de interés para contener el impacto del shock de los precios de la energía en la inflación. De este modo, contempla en su escenario base un aumento acumulado de 50 puntos básicos del precio del dinero en 2026 con respecto al nivel anterior a la guerra en Oriente Próximo.

«Si los precios de la energía y las expectativas de inflación aumentan más de lo que sería compatible con la trayectoria inflacionaria prevista en el escenario base, podría ser apropiado un ajuste más rápido y/o más pronunciado», apunta el FMI.

Sin embargo, si el aumento de las expectativas de inflación se acompañara de un deterioro sustancial de las condiciones financieras y una menor demanda, los técnicos de la institución internacional apuntan que una brecha de producción más negativa limitaría las presiones inflacionarias y reduciría la necesidad de ajuste del precio del dinero, recoge la web de Europa Press.

Por último, el informe del FMI hace referencia que muchos países de la Eurozona ya han introducido medidas de apoyo energético temporales, pero no focalizadas, advirtiendo de que, a pesar de su alcance limitado, «es probable que estas medidas reduzcan los incentivos para el ahorro energético y generen efectos indirectos adversos», por lo que aboga por que cualquier continuación de dichas medidas, o la implementación de nuevas, debería estar mejor enfocada a proteger a los hogares vulnerables y, al mismo tiempo, preservar las señales de precios.

Por otro lado, el FMI considera que el ajuste fiscal estructural a medio plazo sigue siendo imprescindible para la zona euro, ya que todos los países se enfrentan a importantes necesidades de gasto a largo plazo, lo que requerirá de una estrategia integral y creíble que combine la repriorización del gasto, una mayor eficiencia del mismo y medidas estructurales como la reforma de las prestaciones sociales, junto con reformas que impulsen el crecimiento para aumentar los ingresos.

En esta situación, el FMI defiende la necesidad de aplicar de manera sólida el marco fiscal de la UE, mientras que advierte de que una mayor flexibilización de las normas fiscales «podría socavar la credibilidad del marco y elevar aún más la deuda».

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