Todo el mundo económico lo daba por seguro. El Banco Central Europeo (BCE) ha subido los tipos de interés un 0,25%, hasta situarlos en el 2,25%. Es la primera subida que realiza el Consejo de Gobierno del precio del dinero en Europa desde octubre de 2024, mientras la tasa de las operaciones de refinanciación quedan situadas en el 2,40% y la tasa de facilidad marginal de préstamo se eleva al 2,65%. El motivo no es otro que los efectos de la guerra en Oriente Próximo, que «está generando presiones inflacionistas y la decisión de aumentar los tipos de interés es adecuada en los diferentes escenarios que analizan la posible evolución de la perturbación y su impacto en las perspectivas a medio plazo para la zona del euro», según ha explicado la institución.

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Las presiones inflacionistas se han traducido en que en mayo la inflación alcanzó el 3,2%, su valor más elevado de los últimos tres años, por lo que con el incremento del precio del dinero, el BCE busca mantener «una buena posición» para navegar a través de la incertidumbre causada por la guerra. Y aunque no adelanta si habrá más subidas, sí que explica que su política monetaria, reunión tras reunión, dependerá de los datos que se registren.
La presión inflacionista a la que se refiere el BCE viene determinada por el precio de la energía, y todo parece indicar que llevará tiempo alcanzar un acuerdo que pacifique Oriente Próximo, y con ello llegue la tranquilidad a los mercados con la estabilidad del precio del barril de petróleo, que desde que Estados Unidos atacó Irán no ha parado de estar a los albur de los vaivenes de la guerra. De momento, el conflicto bélico se está alargando y la situación en el estrecho de Ormuz se agrava, lo que hace prever nuevas subidas del petróleo, y que comiencen a trasladarse al resto de los productos que se tienen en cuenta para medir la inflación. Lo que está por despejar, también, es si esa subida de la inflación se trasladará a los salarios o, como en anteriores crisis, estos perderán poder adquisitivo.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha puesto el énfasis, tras la reunión del Consejo de Gobierno, que la subida adoptada este jueves es «no preventiva, sino una acción necesaria, pese al temor que el encarecimiento del precio del dinero pueda impactar en el crecimiento económico. Por si quedara alguna duda, Lagarde ha recordado que el objetivo del BCE es garantizar la estabilidad de los precios, y «cada uno tiene que hacer lo que le corresponde», subrayó. No en vano, la decisión de la subida fue adoptada por unanimidad «y sin reservas» por parte de los consejeros del BCE, ya que se ha tenido en cuenta la crisis energética registrada desde el pasado mes de marzo, y que no se ve que vaya a producirse una solución rápida.
La situación bélica ha obligado al BCE a actualizar los escenarios adverso y severo de previsiones, al que se suma un escenario más moderado. La entidad que preside Lagarde estima que el crecimiento en la Eurozona será del 0,8% en 2026, una décima menos de lo previsto el pasado mes de marzo. Y para 2027, el crecimiento será del 1,2%, una décima menos también. En 2028, la economía crecerá al 1,5%, una décima más.
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