Como si fuera la crónica de una muerte anunciada, el Banco Central Europeo ha subido en 0,25 puntos porcentuales los tipos de interés oficiales, por primera vez en casi tres años para dejar el principal, el de la facilidad de depósito, en el 2,25% con la excusa de contener una inflación que para el conjunto de la Unión Europea ha escalado ya hasta el 3,2% con expectativas de subir al 4% a corto plazo, por lo que los analistas apuntan a que habrá entre dos o tres nuevos incrementos de los tipos este año.
Pero una vez más, los rectores del BCE aplican un remedio que no sólo puede ser peor que la propia enfermedad, sino que amenaza con estrangular el crecimiento de las economías europeas cuando estamos todavía en una fase de incipiente recuperación. Porque lo que parece obviar, es que el problema de la inflación actual no es consecuencia de un exceso de demanda sino del petróleo. Estamos ante una inflación de guerra derivada de que Europa no es autosuficiente en fuentes y suministros de energía.
Con estas premisas y en el actual contexto, una subida de los tipos de interés para contener el crecimiento de los precios que, si funciona en situaciones de normalidad, puede ser no sólo contraproducente sino decisivamente adversa en una coyuntura de conflicto armado. La subida de los intereses funciona cuando actúa como freno del consumo, pero la inflación que estamos padeciendo como consecuencia de la guerra de Irán, es una inflación de oferta.
Es decir, los precios no suben por un crecimiento del consumo, al contrario. Los precios suben porque suben los costes de producción y de transporte. Y en este contexto aumentar los tipos de interés sólo contribuye a acentuar aún más la contracción del consumo y la inversión derivados de la deriva inflacionaria y de la incertidumbre ocasionando una recesión e incluso el colapso de la economía.
Eso, además del impacto sobre las hipotecas que afecta especialmente a las de interés variable que les toque revisión. En concreto los expertos apuntan a que una hipoteca media de 150.000 euros, a 25 años y a un interés de euríbor más un punto de diferencial pagaba con el euríbor de mayo de 2025 una cuota media mensual de 717,65 euros con el euríbor de mayo de 2025 que se elevara hasta 775,61 con la subida ahora aprobada, es decir 58 euros más.
Lo aconsejable y conveniente en circunstancias de enfrentamiento bélico como las actuales es fomentar la actividad económica contrarrestando el aumento de los precios con medidas fiscales y de apoyo a las empresas y familias que contribuyan a frenar la progresión de los costes para evitar que las subidas se trasladen al consumo.
Así, la propia Comisión Europea ha pedido ya a los estados miembros reducir los impuestos de la electricidad al mínimo legal para aliviar la factura de los hogares y la industria, además de impulsar inversiones superiores a 900 millones de euros en redes, renovables y energía nuclear. Medidas como rebajar la fiscalidad sobre los carburantes cuando más de la mitad del precio final de las gasolinas y gasóleos son impuestos, reducir o eliminar el gravamen de generación eléctrica o deflactar la inflación se antojan soluciones necesarias y sensatas en situaciones de inflación de oferta.
Algo de lo que aquí, con este gobierno caracterizado por su voracidad fiscal e infectado de una fiebre antinuclear que le mantiene en el empeño de cerrar unas centrales que suministran energía limpia y barata y han demostrado su seguridad y su eficacia como reguladores del sistema, ni se enteran ni quieren enterarse.
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