Cumplir los pactos

20/06/2026

Josep M. Orta.

En los años ochenta, Alfonso Guerra (cuando era de izquierdas) se convirtió en el azote de todos los que no eran de su cuerda, desde la UCD de Adolfo Suárez (le llamó tahúr del Misssissipi entre otras delicadezas) hasta el PCE de Santiago Carrillo. Con su ácida crítica se convirtió en el azote de la derecha, del centro y de la izquierda no socialista.
Sin embargo, cuando ya era vicepresidente del Gobierno algunos se entendían muy bien con él y no dudaban en alabarlo. Me refiero concretamente a la Conferencia Episcopal española con la que tenía que negociar los asuntos relacionados con la iglesia, como las relaciones con la Santa Sede en un estado aconfesional, la aplicación de la ley del divorcio, las subvenciones a la iglesia o la enseñanza religiosa.
Las negociaciones de los temas con los que tenía que lidiar el vicepresidente eran duras; sin embargo, los obispos reconocía a Alfonso Guerra que era un político serio y cuando se llegaban a acuerdos estos se cumplían.
Es bueno recordarlo ahora que cualquier acuerdo en numerosas ocasiones es agua de borrajas (la ley mordaza, por ejemplo, por poner un ejemplo casero) aunque el rey de prometer y no cumplir no es otro que el presidente Trump que es un maestro en decir por la mañana una cosa y por la tarde la contraria con lo que las reglas del juego cambiaban cada dos por tres. Eso sí, tiene el arte de reinterpretar sus derrotas y venderlas como grandes victorias y una parte de la opinión pública le compra este relato, pero como dijo Lincoln, se puede engañar a todos  un tiempo, se puede engañar a algunos un cierto tiempo, pero no  se puede engañar a todos todo el tiempo”. Y a Trump incluso ha perdido la credibilidad para muchos de los suyos.

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