Afirmaba Pedro Sánchez, que las investigaciones judiciales por los múltiples casos de presunta corrupción que enfangan a su entorno político, familiar y a su gobierno “en nada impugnan todos los logros que está alcanzando este país”, para añadir que “el interés de los ciudadanos es la estabilidad”.
Y esto lo dice el presidente de un gobierno que lleva tres años consecutivos incumpliendo el mandato constitucional de presentar los Presupuestos del Estado. Un presidente incapacitado para gobernar, sometido al chantaje permanente de sus socios parlamentarios independentistas y enemigos de España, que ha perdido todas las elecciones celebradas desde 2023, y que en los tres años que llevamos de legislatura sólo ha conseguido aprobar 19 leyes, el ratio más bajo de toda la democracia.
Ese es su sentido de la estabilidad. Porque si hablamos de los logros, el inventario es tan calamitoso como adverso. Con el sanchismo gobernante y la complicidad de sus socios de la Frankestein, los españoles pagamos los impuestos más altos de la historia y tenemos los peores servicios de la historia. Ahí están el caos ferroviario, las carreteras infames, el apagón histórico, las listas de espera sanitarias o los pésimos resultados de nuestros escolares en las estadísticas internacionales.
Todo un asalto a los bolsillos de los españoles que ya soportamos un esfuerzo fiscal un 17,8% superior a la media de nuestros socios europeos y que desde que gobierna Pedro Sánchez han pasado de aportar una media de 4.157 euros en 2017 a 6.573 euros en 2025, lo que suponen 2.416 euros más por persona, un incremento del 58,1%.
Y, a pesar de ese máximo histórico en ingresos tributarios de 325.356 millones de euros en términos de caja en 2025 con un incremento interanual del 10,4%, las cuentas públicas de España siguen en números rojos. Con el añadido de que la política fiscal confiscatoria y abusiva de este gobierno está desencadenando el empobrecimiento de las clases medias, que en este país hay más de millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión de los que 4,3 millones está en situación de exclusión severa. Y que España es el segundo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que más capacidad de compra ha perdido en los últimos años.
Que con más de 3,7 millones de parados reales tenemos un mercado laboral contaminado por la precariedad y la rotación en el empleo hasta el punto de que en la España del sanchismo tener un trabajo fijo ha dejado de ser sinónimo de tener un empleo estable y poder llegar a fin de mes. A lo que hay que añadir unos precios de la vivienda inasumibles para la mayoría de la población, una inflación desmesurada, el deterioro de los servicios y unos impuestos de usura que revelan, el fracaso de las políticas económicas y sociales del gobierno.
España lidera también el ranking de la OCDE entre los países en los que más ha subido la deuda pública cerrando el año 2025 con un nuevo récord histórico anual de deuda que se elevó hasta los 1,698 billones de euros, 77.652 millones que en el año precedente. Como explican la teoría y la lógica económica la crisis de deuda y déficit es el fracaso de un modelo económico en el que el Estado adquiere un tamaño desmesurado que termina por lastrar la economía y la libertad individual.
Toda una muestra de dejación e ineficacia en un país donde el PIB per cápita, indicador que introduce el factor población en la ecuación y mide la riqueza por habitante, está en 32. 630 euros por habitante, un 25% por debajo de los 43.310 euros por habitante de media en la eurozona, con datos de la oficina de estadísticas de la Comisión Europea, Eurostat. Con el añadido de que las inversiones de empresas nacionales se encuentran bajo mínimos, sólo un 4,8% por encima de 2019, a pesar del contexto favorable en tipos de interés y acceso al crédito, al tiempo que la inversión extranjera se desploma más de un 60% después de caer un 24% en 2024.
Estos son los logros de los que presumen Sánchez. Un personaje tóxico que arruina todo lo que toca. Y lo más graves es que anuncia que “en esa tarea vamos a continuar”. ¡Que nos pille confesados!
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