Hoy empiezo con dos frases de paternidad dudosa. Una se atribuye a Stalin y en ella afirma que “matar a un hombre es una desgracia, matar a un millón una estadística”, la otra a una conversación en Paris a un alto mando nazi al que se le preguntó si no es traumático matar a tanta gente y este señaló “no, sólo cuesta matar al primero”. Y aún añado una frase de una canción de Raimon que dice “manos sucias de quien mata, manos limpias de quien manda matar”.
En estos momentos los señores de la guerra se entretienen en hacer masacres lejos de toda humanidad. Bajo la bendición de Donald Trump, Netanyahu no tiene ningún problema en masacrar a la población civil, Putin ofrece a los criminales que tiene en sus cárceles la libertad a cambio de una muerte casi segura si aceptan combatir contra Ucrania; Irán, con menos medios, no es más clemente en sus actuaciones.
Cada uno justifica su actuación con argumentos diversos, pero a la hora de la verdad han conseguido insensibilizar sus conciencias convirtiendo el número de víctimas en sólo una estadística a la que el mundo ya se está acostumbrando.
Es más, algunos se niegan a negociar una salida al conflicto por que justifican que para su seguridad han de aniquilar al enemigo. Otros amenazan con aniquilarlo cuando se sienten atacados y hay terceros que buscan carne de cañón donde sea, entre sus criminales o en países amigos que les prestan a sus ciudadanos para ir a la primera línea de fuego.
A los señores de la guerra les basta dar una orden para masacrar a centenares de ciudadanos que, a la larga, son miles o muchos más, mientras muchos países de la Europa civilizada optan por mirar a otra parte con tibias protestas de condena para descargar sus conciencias, cuando no dan soporte a unos agresores que aplican la ley del más fuerte.
Lo peor de todo es que algunos de estos dirigentes hablan de democracia y de derechos humanos…. y los muertos sólo son estadísticas.
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