El incendio de Ceuta

12/08/2026

José Mª Triper.

Como dicen de Nerón, que tocaba la lira mientras se incendiaba Roma, Pedro Sánchez se dedica a escuchar y recomendar música y libros en las redes sociales mientras España arde y Marruecos, en un nuevo desafío a la soberanía española, invade Ceuta mientras el gobierno ni se enteraba, ni actuaba dejando literalmente vendidos a los ciudadanos y a las fuerzas del orden de nuestra frontera sur.

Una violación de la integridad territorial de España ante la que el todavía presidente español, con el vasallaje seguidista de su incondicional Marlaska, exculpaba y se convertía en el primer defensor y en el portavoz oficioso de Rabat y del Rey Mohamed VI. El mismo Sánchez que entregó la soberanía del Sahara a Marruecos, sin contar con el Parlamento y sin informar al Rey, justo después de conocerse el espionaje marroquí al teléfono de Sánchez, y que invita a preguntarse, una vez más, ¿qué sabe el rey moro de nuestro jefe de gobierno que le tiene sumiso y obediente a sus designios e intereses? Porque el asalto a Ceuta más que a un hecho aislado apunta al anticipo de una ofensiva de Marruecos sobre las dos ciudades autónomas españolas. Mohamed se siente fuerte y protegido frente una España a la que la deriva antinorteamericana y antioccidental de Pedro Sánchez ha convertido en un país irrelevante en la política internacional mientras Estados Unidos nos ha sustituido por Marruecos como su aliado estratégico en el Mediterráneo lo que afecta indirectamente y a las reivindicaciones alauitas sobre Ceuta, Melilla y Canarias con el añadido de que nuestro gobierno tiene rotas las relaciones con Argentina e Israel los otros dos grandes aliados de Trump.

Así, el Comité de Asignaciones de la Cámara de EE UU ha cuestionado recientemente la españolidad de Ceuta y Melilla, argumentando que las dos ciudades administradas por España están en Marruecos e insta al secretario de Estado Marco Rubio a promover un acuerdo entre ambos países. Resolución que se produce casi de forma simultánea a la decisión del Pentágono de integrar a Marruecos en el sistema Link-16 autorizando al país alauita a operar sistemas reservados hasta ahora, en la práctica, a miembros de la Alianza Atlántica, mientras que el subsecretario de Guerra para Política, Elbridge Colby, y el ministro delegado de Defensa marroquí, Abdelatif Loudiyi firmaban una hoja de ruta de cooperación militar que vincula a Estados Unidos y Marruecos hasta 2036.

Dos movimientos especialmente preocupantes para España que se añaden a la decisión del Departamento de Defensa de EE. UU de aprobar un nuevo acuerdo militar para suministrar a Marruecos misiles aire-aire avanzados AIM-120C-8 AMRAAM, valorado en 88,37 millones de dólares. Acuerdo que el gobierno estadounidense justifica como esencial para consolidar la política exterior y la seguridad nacional de Estados Unidos al reforzar la seguridad de un importante aliado no perteneciente a la OTAN, al tiempo que describe a Marruecos como una fuerza importante para la estabilidad política y el progreso económico en el norte de África.

Todo ello días después de que Israel y Marruecos hayan reforzado el acuerdo de cooperación militar y de seguridad firmado en 2021, por el que Jerusalén considera a Rabat un socio clave para la estabilidad regional” y desde entonces, las Fuerzas Armadas Reales (FAR) se han convertido en uno de los principales clientes de la industria de defensa israelí. Esta colaboración va más allá de la compra de equipos, abarcando también el establecimiento de plantas de fabricación de drones en Marruecos. Esto ocurre mientras que, Marruecos se ha convertido en una balsa de estabilidad en una región geopolítica compleja y la economía marroquí va a crecer casi el doble que la española hasta 2031. Y cierto es que España se ha consolidado como el principal socio comercial de Marruecos que, por su parte, ha demostrado ser un socio clave para nuestro país y que en Marruecos operan más de mil empresas españolas, pero proteger los intereses económicos y comerciales no justifican renunciar a la soberanía y los principios.

Son las consecuencias de una política exterior movida no por los intereses nacionales sino por el interés personal de un presidente del Gobierno acorralado por la corrupción, incapacitado para la gestión, sometido a las presiones de sus socios independentistas y filoterroristas y que nos alinea con las autocracias populistas de América Latina, los BRICS y la dictadura teocrática y sanguinaria de los ayatolas en Irán.

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