Otra ración de lo mismo

24/01/2012

Miguel Larrañaga. 24-01-2012

Está cada vez más claro que los políticos, sean del signo que sean, son absolutamente perjudiciales para la buena marcha de la Bolsa. Llevábamos una buena temporada y ahora está por ver en qué va a quedar porque los políticos han vuelto a pasar a la acción. Son un auténtico lastre.

Llega el Fondo Monetario Internacional y vuelve a meter la pata hasta el Fondo, No conozco un organismo internacional más inoperante que este y la llegada de Christine Lagarde no parece que  vaya a cambiar mucho su rumbo. ¿Ha hecho el FMI algo por frenar la crisis o por ayudar a que se supere? De verdad que lo único por lo que la gente de la calle recuerda al FMI es por el asunto de su anterior director y la camarera del hotel.

Me viene a la cabeza la crítica feroz lanzada por Luis Ángel Rojo, muchas veces considerado el mejor gobernador de Banco Central del mundo, contra el quehacer del FMI tras la quiebra de Lehman Brothers. Acusó a esta institución de intentar apagar el fuego con gasolina y la crítica sigue siendo válida. Su papel ha quedado relegado a decir una semana sí y otra no lo mal que van las cosas y para esta función la verdad es que nos cuesta un dineral, así que mejor cerrarlo.

Nos vienen ahora con la historia de que 2012 va a ser peor de lo previsto, que nadie va a cumplir con sus compromisos de déficit, que no se crecerá ni mucho menos lo previsto… En fin, dando moral y aportando soluciones.Más les valía callarse si no tienen nada constructivo que decir.

Pasemos del plano mundial al europeo. Nuevamente los politicastros de la UE han dado el espectáculo de reunirse para nada. Bueno, para nada no. Se han reunido para constatar que todos siguen en sus trece, que las diferencias son cada vez más grandes, que nadie cede ni un milímetro y que Grecia ya puede esperar sentada una nueva ayuda.

La interpretación que ha hecho el mercado del resultado de la reunión es que «si esto pasa con Grecia no quiero imaginar lo que puede ocurrir si la cosa termina por ponerse fea con Italia». Alemania sigue en sus trece de que no aceptará ninguna ampliación del Fondo de rescate.

Pero si patético es que no resuelven nada, y van más de dos años de marear la perdiz, más patético resulta escuchar al comisario de Asuntos Económicos, Oli Rehn,  diciendo que espera un acuerdo «en los próximos días«. Mire señor Rehn, cuando consiga usted un acuerdo convoque una reunión para que firmen el acuerdo, mientras tanto, cállese por favor.

Y en el plano patrio, resulta que todo el mundo se da por satisfecho, reparte sonrisas y asiente sonriente ante el acuerdo de moderación salarial entre la patronal y los sindicatos. Ya estamos como de costumbre. El Gobierno delega sus responsabilidades en materia laboral en los denominados «agentes sociales». Mal por el Gobierno, que es quien tiene la obligación de legislar.

¿Y qué hacen los agentes sociales? Ponerse de acuerdo en lo que subirán los sueldos de los privilegiados que aún conservan su trabajo. Es cierto que el pacto es que suban poco, pero no es menos cierto que esto vuelve a demostrar cuán apartados de la realidad andan los «agentes sociales«.

Los sindicatos no representan a prácticamente nadie si nos atenemos a su nivel de afiliación y la patronal representa aún menos a la clase empresarial. Y lo que pactan sigue sirviendo a sus intereses y los de su escasa clientela. El interés de España es crear empleo, el de los sindicatos es que la casta de trabajadores con empleo ganen algo más, que para eso son su clientela potencial, y el de la patronal es que con el menor coste posible no haya muchas huelgas a la hora de negociar convenios en las empresas que tengan la suerte de seguir abiertas.

Frente a este acuerdo, la realidad es la de una clase empresarial real acuciada por la cascada de impagos impulsada por las administraciones y a la que las patronales no resuelven absolutamente nada. La realidad es cinco millones de parados buscándose la vida como pueden y de los que los sindicatos solo se acuerdan a la hora de hacer declaraciones grandilocuentes. La realidad es, en fin, la de un Gobierno que dice saber que lo que tiene que hacer pero que no lo hace ni por casualidad.

¿Cómo quieren que suba la Bolsa en este contexto? Lo milagroso es que no se derrumbe con estrépito. Lo increíble es que el Dax recortara solo un 0,27%, que el CAC perdiera solo un 0,47%, que el FTSE se dejara solo un 0,53% y que el Ibex bajara solo un 0,33%.

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