Esta vez no hubo sorpresas, tampoco alternativas. Antonio Garamendi renovó su cargo al frente de la CEOE sin rival y con un muy amplio apoyo de las organizaciones sectoriales y territoriales miembros de la confederación empresarial. Un déjà vu y un respaldo que, sin el conato de división de hace cuatro años, ha sido muy superior a los avales necesario para presentar su candidatura a un tercer mandato y que aglutinaba a la práctica totalidad de las autonomías y sectores, desde las patronales de Madrid (CEIM), Cataluña (Foment) y País Vasco (Confebask); hasta la poderosa Confemetal, o los autónomos de ATA.
Unanimidad que se antoja imprescindible para afrontar con responsabilidad económica y social los grandes desafíos que amenazan a España en general y al colectivo empresarial en particular, en un contexto de inestabilidad política, inseguridad jurídica y de carencia de Presupuestos Generales del Estado, que están deteriorando gravemente el crecimiento económico, la actividad empresarial, la creación de empleo, la calidad de los servicios y la confianza internacional.
Con gobierno y una ministra de Trabajo declaradamente hostiles a la empresa y al emprendimiento, que han dinamitado el diálogo social, de marcados tintes autocráticos, intervencionista y que asfixia fiscalmente a las empresas y trabajadores, con el que los españoles pagamos los mayores impuestos de la historia y tenemos los peores servicios de la historia, el equipo directivo de la organización empresarial, con Antonio Garamendi al frente, ha trabajado con honestidad y sin compromisos o prejuicios previos, en defensa siempre de los intereses de sus asociados y de España por encima de vinculaciones partidistas.
Un equipo y un presidente, Antonio Garamendi, que en estos ocho años de mandato, con sus luces y sus sombras, como en toda labor humana, han tenido que jugar siempre en campo contrario, con el árbitro en contra y muchas veces con la incomprensión y, en ocasiones con la deslealtad, de algunos de sus principales asociados que confundían deliberadamente negociación con sumisión, mientras algunos de ellos acudían efusivamente a rendir pleitesía a Pedro Sánchez en sus galas laudatorias y aplaudían los mensajes y ocurrencias del jefe del Gobierno.
Con este bagaje y con el amplio respaldo conseguido Antonio Garamendi, que ha endurecido sustancialmente su relación con el Gobierno, se convierte en el presidente más duradero de la historia de CEOE desde José María Cuevas, con la responsabilidad de afrontar durante este nuevo mandato retos de especial trascendencia para la labor empresarial, la inversión y la creación de empleo como la reforma del registro horario, la revisión de los pluses salariales, o una nueva subida del SMI, actualmente situado en 1.221 euros mensuales por catorce pagas, y todo ello en un contexto inflacionista derivado del incremento de los costes energéticos. Además de negociar un nuevo acuerdo interconfederal de negociación colectiva, que marque los criterios salariales a seguir en los próximos años.
Cuatro años más al frente de CEOE que estarán marcados por la convocatoria de elecciones generales que pueden suponer otro punto de inflexión en el mercado laboral y ante las que el reelegido presidente de los empresarios dejó intuir que serían necesarias frente a una situación política de “incertidumbre” y para recuperar el orden institucional y ante los desafíos globales que nos acechan a nivel mundial como la incertidumbre internacional, la transformación digital y, especialmente, la generalización y la regulación de la inteligencia artificial.
Un continuismo necesario y un posicionamiento que lejos de ser una intromisión política supone’ un ejercicio de la responsabilidad social y económica de las empresas ante la situación de inestabilidad política, la inseguridad jurídica y la carencia de Presupuestos del Estado, que están deteriorando gravemente el crecimiento económico, la actividad empresarial, la creación de puestos de trabajo estables, la calidad de los servicios públicos y la confianza de los inversores nacionales e internacionales.
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