La demanda de la emisión ha sido de más de 2.700 millones de euros por parte de 121 inversores de todo el mundo y forma parte del plan financiero que la entidad española se ha planteado este año para mejorar su liquidez, que al cierre del pasado ejercicio ascendía a 20.948 millones de euros, el 7,7% de los activos totales. El precio de la emisión ha quedado fijado en 248 puntos básicos sobre el índice de referencia para este tipo de emisiones. El cupón se ha situado en el 4% lo que representa tan solo un “spread” de 8 puntos básicos sobre las últimas emisiones de bonos al mismo plazo del Tesoro Español.
De la respuesta de los inversores destaca la importante demanda procedente del mercado asiático y, en particular, de China. También ha sido importante la participación de gestoras de fondos de inversión y de pensiones, bancos centrales, compañías de seguros y bancos. El 64% de la emisión se ha colocado entre inversores internacionales. En la distribución geográfica, destaca Francia (22%), Alemania (15%), Reino Unido (9%) y Asia y otros países (18%). La demanda de inversores españoles ha sido del 36%. Los bancos colocadores de la emisión han sido Barclays, CaixaBank, Crédit Agricole, JP Morgan y UBS.
Al igual que ha sucedido en el resto de emisiones de cédulas hipotecarias de CaixaBank, la entidad que preside Isidre Fainé espera que las agencias de rating Moody’s y Standard & Poor’s califiquen esta emisión con un rating de Aaa y AAA a largo plazo, respectivamente, el máximo posible para este tipo de emisiones. Esta operación cuenta con la consideración de benchmark, por lo que sus títulos podrán negociarse en los principales mercados mundiales de deuda.
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